Sabor, técnica o belleza: ¿qué te atrajo de tu profesión?
Nuestra profesión no podría existir sin estos tres elementos. Primero, la belleza es fundamental; al final, todo entra por los ojos. Siempre intento unir estética, sabor y técnica. Si tuviera que sacrificar algo, jamás sería el sabor o la estética. Busco que cada postre sea lo más perfecto posible.
¿Qué tienen en común un artista y un pastelero?
Según Antonin Carême, uno de los grandes pasteleros de la historia, la pastelería forma parte de las bellas artes. Para mí, al encontrarme con disciplinas como la pintura y la escultura, me siento más vivo. Es al esculpir chocolate o trabajar el azúcar que el tiempo se desvanece. Puedo estar en esa zona creativa desde la tarde hasta la madrugada sin querer parar.
¿La imaginación se ejercita o se alimenta?
Creo que ambas cosas. Por las mañanas, mientras el sol sale, me siento a contemplar y a dejar volar mi imaginación. Observar los detalles de la naturaleza me inspira. Por ejemplo, un árbol me hace pensar en sus flores o en los animales que vuelan. Cada objeto, como los alebrijes que compré en México, alimenta mi creatividad. La imaginación es una mezcla de observar y crear; muchas veces está justo frente a nosotros.
¿Mantienes una dieta para cuidar tu creatividad?
Mi lema es seguir siempre adelante y buscar lo diferente. Nunca hago fotos de mis trabajos, ya que no quiero que mis ideas se contaminen. Prefiero dejar que mi imaginación y mis pensamientos fluyan libremente.








