El fútbol mexicano enfrenta una nueva crisis. Javier Aguirre y algunos directivos han diseñado un «plan maestro» para la Selección Nacional, que incluye una concentración de casi 40 días con 12 jugadores de la liga local, a los que se unirán los que juegan en el extranjero.
Dichas concentraciones han demostrado ser ineficaces. Desde 1986, el Tricolor ha quedado atrapado en los Octavos de Final en siete Mundiales, y en el último, ni siquiera superó la fase de grupos.
La decisión de limitar a los jugadores de participar en la Liguilla y en las semifinales de Concachampions ha generado incertidumbre. En los días previos a la concentración, surgió un conflicto debido a que Mikel Arriola autorizó a Toluca a usar a Alexis Vega y Jesús Gallardo en un partido clave.
Chivas, que cedió cinco jugadores al Tri, se opuso y exigió el regreso de sus convocados. Esto llevó a una serie de cambios de última hora, antes de que finalmente comenzara la concentración en el Centro de Alto Rendimiento con los 12 seleccionados y ocho ‘sparrings’.
En medio de esta confusión, Aguirre hizo advertencias a los jugadores: quienes no llegaran a la concentración a las 20:00 horas quedarían fuera del Mundial. Esta falta de respeto y transparencia es común en la gestión de la Selección.
La Selección Mexicana ha sido noticia internacional por su desorganización y los conflictos internos. A pesar de todo, directivos y el cuerpo técnico insisten: «queremos hacer historia».








