Un estudio reciente realizado por un conjunto de universidades estadounidenses ha revelado que la eficacia de los paneles solares en la reducción de emisiones de carbono varía significativamente según su ubicación. Este análisis, conducido por expertos de Harvard, Rutgers y Stony Brook, evaluó cinco años de datos sobre la red eléctrica del país y enfatiza la importancia de la rentabilidad climática en la adopción de esta fuente de energía.
Los investigadores examinaron datos relacionados con la generación, demanda y emisiones de CO2 en 13 regiones de Estados Unidos durante el período de 2018 a 2023. Los hallazgos indican que el impacto de la energía solar es más notorio en áreas que aún dependen en gran medida de combustibles fósiles. En lugares como California, Florida, el Medio Oeste, Texas y el Suroeste, cada kilovatio hora generado por energía solar sustituye energía producida por carbón o gas, lo que resulta en una reducción inmediata y significativa de las emisiones.
Por otro lado, en regiones como Nueva Inglaterra o algunas partes del centro del país, donde la red eléctrica ya se basa en fuentes relativamente limpias como la energía nuclear, hidroeléctrica o gas natural, la incorporación de energía solar no produce cambios significativos en las cifras de CO2. En este contexto, se observa que la selección estratégica de ubicaciones para la instalación de paneles solares puede maximizar su impacto climático.
Entre los hallazgos más interesantes se encuentra el denominado «efecto contagio». Este fenómeno refiere a que la instalación de energía solar en una región no solo potencia la limpieza de su propia red eléctrica, sino que también beneficia a áreas colindantes. Un ejemplo notable se da en California, donde un aumento del 15% en su capacidad solar generó reducciones en emisiones de hasta 913 toneladas diarias en la región Noroeste y 1,942 toneladas en la Suroeste.
Las conclusiones del estudio subrayan que, más que simplemente incrementar la cantidad de paneles solares, es crucial enfocarse en su instalación en ubicaciones estratégicas donde cada nuevo megavatio tenga el potencial de generar un mayor impacto en la reducción de emisiones a nivel global. Este planteamiento podría ser vital para optimizar futuras inversiones en energía limpia a medida que avanza la transición energética.


