El veto de Rusia y China en el Consejo de Seguridad al proyecto de resolución sobre el estrecho de Ormuz tiene efectos directos sobre los países ribereños y el comercio marítimo que atraviesa ese paso estratégico.
La presidenta de la Asamblea General de la ONU, Annalena Baerbock, advirtió del riesgo global derivado de ese bloqueo y defendió que la Asamblea debe asumir la responsabilidad de mantener el debate sobre la libertad de navegación en la zona.
La sesión de la Asamblea se convocó tras la oposición en el Consejo de Seguridad a un texto promovido por varios Estados del Golfo que pedía coordinar esfuerzos para garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho.
La resolución rechazaba los ataques contra buques comerciales y proponía medidas de escolta; China y Rusia explicaron su veto alegando falta de equilibrio y omisión de las causas del conflicto.
Baerbock sostuvo que la situación en Oriente Medio no es una sola crisis, sino la convergencia de múltiples fallos de larga data, y defendió el papel de la Asamblea cuando el Consejo de Seguridad no puede o no quiere cumplir su mandato de mantenimiento de la paz.
Pidió pasar del debate a la acción y llamó a aumentar la diplomacia para consolidar un alto el fuego frágil y reorientar los esfuerzos hacia soluciones pacíficas.
La representante instó a los Estados miembros a pronunciarse y presentar iniciativas, recordando que la falta de resoluciones y las violaciones del derecho internacional tienen consecuencias reales para la población, incluyendo la subida de precios del petróleo y la interrupción del suministro de fertilizantes.
El uso del veto por parte de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad sigue siendo señalado como un factor que limita la capacidad de la ONU para responder a conflictos activos y protege intereses de potencias directamente implicadas.


