Nos prometieron un sistema de salud como el de Dinamarca. Hoy México habla de bebés muertos, protestas en el IMSS, falta de medicamentos, hospitales bajo presión y trabajadores que salen a las calles para exigir mejores condiciones. La crisis de salud ya no puede esconderse detrás de cifras, discursos o conferencias.
En Guadalajara se han reportado muertes de recién nacidos en un hospital del IMSS donde se investigan posibles infecciones hospitalarias. En Durango también murieron bebés y algunos casos resultaron positivos a Klebsiella. Las causas específicas siguen bajo investigación, pero las familias exigen respuestas, el IMSS abrió auditorías y hubo cambios de funcionarios. El dato por sí solo es estremecedor: familias que llegaron a un hospital buscando salvar a sus hijos y salieron sin ellos.
Y mientras esta tragedia sigue bajo investigación, trabajadores del IMSS han salido a protestar para exigir mejores salarios, condiciones laborales dignas y abasto suficiente de medicamentos. No es una protesta aislada: es una señal de presión dentro de una de las instituciones más importantes del país.
La pregunta entonces es brutalmente sencilla: ¿qué está pasando con el sistema de salud en México?
Porque cuando los trabajadores salen a protestar por medicamentos e insumos, cuando familias denuncian muertes de recién nacidos y cuando la propia presidenta Claudia Sheinbaum tiene que recorrer hospitales para revisar directamente qué falta, la promesa del sistema de salud “como Dinamarca” vuelve a perseguir al gobierno.
El paciente no mide al IMSS por comunicados. Lo mide cuando llega a urgencias. Cuando necesita una cirugía. Cuando busca un especialista. Cuando lleva una receta a la farmacia. Cuando tiene a su hijo internado. Ahí se acaba la propaganda y comienza la realidad.
Durante años se habló de transformación. Se habló de universalidad. Se habló de medicamentos gratuitos. Se habló incluso de alcanzar estándares internacionales. Pero la salud no se mide con discursos: se mide en camas, médicos, medicamentos, quirófanos, higiene hospitalaria y atención oportuna.
En medio de esta tormenta aparece Zoé Robledo. El director del IMSS ha defendido la operación del Instituto y las autoridades investigan los casos de los recién nacidos. También han circulado versiones sobre una posible salida de Robledo, aunque hasta ahora no existe una renuncia oficialmente confirmada.
Y aun si mañana cambiara el director del IMSS, el problema seguiría ahí. Porque esta crisis no se llama solamente Zoé Robledo es la 4T. Se llama saturación. Se llama falta de especialistas. Se llama infraestructura. Se llama prevención. Se llama control hospitalario. Y, sobre todo, se llama pérdida de confianza.
Ahí está uno de los mayores retos políticos para Morena. No porque una tragedia o una protesta determinen por sí solas una elección, sino porque pocas cosas generan tanto enojo ciudadano como sentir que el sistema de salud falla cuando más se necesita.
Puedes esperar una obra. Puedes tolerar un trámite. Puedes reclamar por una calle. Pero cuando está enfermo tu hijo, tu madre, tu padre o tú mismo, no quieres promesas. Quieres atención. Quieres medicamentos. Quieres un médico. Quieres salir vivo del hospital.
Ese es el verdadero examen.
Y mientras trabajadores protestan, familias exigen respuestas y hospitales siguen bajo presión, aquella promesa vuelve con una fuerza incómoda:
¿DÓNDE QUEDÓ EL SISTEMA DE SALUD COMO DINAMARCA?…
Hace poco, a raíz de una columna que publiqué, un activista de Morena en Abasolo, cercano al equipo de Job Gallardo, me hizo una crítica que celebro porque el debate siempre es sano cuando se da con argumentos. Me decía “respeto tu visión, pero no la comparto” y que para él, como para miles de mexicanos, hay un antes y un después del presidente Andrés Manuel López Obrador. También defendía que, a diferencia de otros países de Latinoamérica, en México la derecha tardará décadas en regresar al poder porque Morena sí construyó un liderazgo ideológico fuerte y coherente.
Y en eso, curiosamente, sí coincido: claro que hay un antes y un después de López Obrador. El problema es que no todos entendemos ese “después” de la misma manera. Porque en salud, por ejemplo, muchos mexicanos recuerdan que antes era más sencillo surtir una receta, había menos incertidumbre con los medicamentos y no hacía falta escuchar durante años promesas de megafarmacias, compras extraordinarias o sistemas “como Dinamarca” para justificar lo que todavía no termina de funcionar.
Así que sí: hay un antes y un después. Sólo que algunos lo cuentan como epopeya y otros lo viven haciendo fila en una farmacia del IMSS esperando que haya medicamento.
Por Mario Felipe Cervantes Villegas






