Hay personas que pasan por el servicio público ocupando un cargo. Y hay otras que, en poco tiempo, consiguen dejar una idea, una visión y una ruta que trasciende a la oficina que algún día encabezaron. Roberto Castañeda Tejeda perteneció a ese segundo grupo.
Hablar de Roberto es hablar de un hombre que entendió que administrar el agua ya no podía reducirse a reparar fugas, operar pozos y cobrar recibos. Su trayectoria estuvo ligada a la modernización de los organismos operadores y a una visión en la que la tecnología, la planeación y la eficiencia debían convertirse en herramientas fundamentales para garantizar mejores servicios.
Pero para muchos de quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo, antes que funcionario fue Roberto, el amigo que se fue.
Un hombre de ideas, proyectos y conversaciones sobre lo que todavía podía hacerse mejor.
En JAPAMI encontró la oportunidad de impulsar una de esas ideas: llevar al organismo hacia una nueva generación tecnológica.
El sueño del C4 del Agua
Uno de los proyectos que mejor resume su visión es el C4 del Agua de JAPAMI.
No se trataba simplemente de construir una sala con pantallas. El proyecto fue concebido como un centro de comando, control y monitoreo capaz de vigilar la gestión hídrica de Irapuato las 24 horas, utilizando tecnología, sensores e información en tiempo real para detectar problemas y mejorar la capacidad de respuesta del organismo.
Roberto tenía una aspiración todavía mayor: hacer de este C4 uno de los centros de gestión del agua más modernos de México y colocar a JAPAMI entre los organismos operadores de referencia nacional.
Era una visión correcta: el futuro del agua pasa por los datos, la automatización, la medición, la tecnología y la capacidad de anticiparse a los problemas.
Ese es quizá uno de los grandes legados de Roberto.
Y precisamente por eso su proyecto no debe detenerse.
Ahora la responsabilidad es de Ricardo Holguín
Hoy JAPAMI tiene una nueva etapa bajo la responsabilidad de Ricardo Holguín Santana, un hombre con experiencia en el sector hídrico y conocimiento del propio organismo.
La pregunta es inevitable:
¿Podrá Ricardo Holguín continuar el legado de Roberto Castañeda?
Esperamos que sí.
Y más que conservarlo, tendrá que concluirlo y fortalecerlo.
Porque los buenos proyectos públicos no pertenecen a una administración ni a una persona. Pertenecen a la ciudad.
Holguín tiene frente a sí la oportunidad de demostrar que en Irapuato puede existir continuidad institucional: recibir aquello que funciona, reconocer a quien lo inició y llevarlo todavía más lejos.
El C4 debe convertirse en el proyecto tecnológico que Roberto imaginó.
El C4 del Agua debería llamarse Roberto Castañeda Tejeda
Hay homenajes que duran una ceremonia y otros que permanecen durante generaciones.
Desde este espacio hacemos una propuesta concreta:
que el C4 del Agua de JAPAMI lleve el nombre de Roberto Castañeda Tejeda.
No solamente como un acto simbólico ante su ausencia, sino como reconocimiento al servidor público que contribuyó a concebir e impulsar esa transformación.
Que cada nueva generación de trabajadores de JAPAMI que entre a ese centro sepa quién fue Roberto.
Que conozca su visión.
Y que recuerde que modernizar el servicio público también significa pensar más allá del periodo para el cual uno fue nombrado.
Su muerte no puede quedar impune
Pero ningún homenaje será suficiente mientras alrededor de su asesinato permanezcan preguntas sin respuesta.
La exigencia ciudadana debe mantenerse:
la investigación tiene que llegar hasta el fondo.
No basta conocer quién accionó un arma. La sociedad tiene derecho a conocer plenamente las circunstancias del crimen y, si existieron otros participantes o responsables, que todos enfrenten a la justicia.
No se trata de especular.
Se trata exactamente de lo contrario: investigar hasta que no quede espacio para la especulación.
Irapuato no puede acostumbrarse a la violencia
La muerte de Roberto también debe obligarnos a mirar una realidad mucho más amplia.
Irapuato no puede aceptar la violencia como parte de su normalidad.
No podemos acostumbrarnos a escuchar sobre homicidios y continuar nuestras actividades como si fueran acontecimientos inevitables.
Cada persona asesinada representa una familia destruida, una ausencia, proyectos que no pudieron concluirse y una ciudad que pierde un poco de tranquilidad.
La seguridad no admite colores partidistas.
Por eso la exigencia es para todos: Municipio, Estado, Federación, Fiscalía y corporaciones de seguridad.
Irapuato necesita paz.
Necesita instituciones capaces de prevenir, investigar y castigar. Necesita recuperar espacios públicos, fortalecer el tejido social y, sobre todo, impedir que la violencia termine convirtiéndose en paisaje cotidiano.
Roberto ya no podrá ver terminado aquel C4 que imaginó.
Otros tendrán que hacerlo por él.
Quizá la mejor manera de recordar al amigo que se fue sea terminar aquello que dejó comenzado, convertir a JAPAMI en el organismo moderno que visualizó y colocar su nombre en el lugar desde donde algún día se vigilará, minuto a minuto, el agua de toda una ciudad.
Pero existe un homenaje todavía más importante.
Que haya justicia.
Que sepamos la verdad.
Y que algún día podamos vivir en un Irapuato donde ninguna familia tenga que despedir a un amigo, a un padre, a un esposo, a un compañero o a un servidor público por culpa de la violencia.
Porque Roberto Castañeda merece memoria.
Su familia merece justicia.
Y los irapuatenses merecemos paz.
Por: Mario Felipe Cervantes Villegas
Empresario y Co-Fundador de Contacto Noticias






