Víctor Zanella tiene algo que muchos políticos quisieran tener: tiempo, estructura, trayectoria y posibilidades reales de construir un proyecto político importante en Irapuato. Precisamente por eso creo que debería ser mucho más cuidadoso con la forma en que está intentando posicionarse. Lo digo desde mi condición de ciudadano y empresario, no desde la militancia ni desde la confrontación personal. La política está cambiando y, paradójicamente, muchos políticos siguen haciendo campaña como si la sociedad no hubiera cambiado con ella.
Hoy colocar el rostro de un político en decenas de espectaculares puede producir conocimiento de nombre. Lo que difícilmente produce es conocimiento de la ciudad. Y son cosas completamente distintas. El nuevo posicionamiento político no consiste solamente en conseguir que la gente sepa quién eres; consiste en conseguir que tú sepas quién es la gente, qué le preocupa, qué le duele y qué espera de su gobierno. La política contemporánea necesita menos exposición y más escucha.
Curiosamente, leyendo a Paul Garner y su extraordinaria revisión histórica de Porfirio Díaz, encuentro una lección política que, guardando todas las distancias históricas y democráticas necesarias, sigue teniendo enorme vigencia. Garner obliga a abandonar por momentos la caricatura simplista de Díaz para observar también al político: antes de la larguísima presidencia y de la concentración del poder que terminarían definiendo al Porfiriato, existió un Díaz que construyó alianzas, recorrió territorios, entendió las fuerzas regionales y desarrolló una extraordinaria capacidad para leer el momento político. No se trata, evidentemente, de reivindicar al Porfiriato ni de trasladar al presente un modelo del siglo XIX. Se trata de rescatar una lección elemental: antes de pretender gobernar un territorio hay que conocerlo.
Y conocer Irapuato no significa recorrerlo acompañado de fotógrafos. Significa sentarse con el comerciante del Centro que no entiende qué pasó con su calle, escuchar al empresario que enfrenta obstáculos para invertir, caminar una colonia sin convertir inmediatamente la visita en contenido para redes, hablar con jóvenes que no militan en ningún partido, escuchar a madres de familia, agricultores, profesionistas, usuarios del transporte público y, sobre todo, acercarse a quienes probablemente jamás asistirían a un evento del PAN. Ahí puede estar la diferencia entre hacer posicionamiento político y construir un verdadero diagnóstico ciudadano.
Víctor tiene experiencia política. Es diputado local y ocupa una posición relevante en el Congreso de Guanajuato. Precisamente por ello debería extremar la prudencia. Una cosa es informar legítimamente sobre el trabajo legislativo y otra muy distinta es generar una estrategia de exposición personal que pueda abrir cuestionamientos sobre los límites entre comunicación institucional, promoción personalizada y posicionamiento político-electoral. No afirmaría, sin una resolución de la autoridad competente, que Víctor Zanella esté cometiendo delitos electorales. Sería jurídicamente irresponsable hacerlo. Pero sí creo que la intensidad y características de cualquier campaña de posicionamiento antes de los tiempos electorales deben revisarse con enorme cuidado.
Esa prudencia también debería existir respecto de los compromisos con agencias, proveedores y empresas de publicidad. Porque el problema no es únicamente jurídico: es político. Una estrategia demasiado construida desde los espectaculares corre el riesgo de producir exactamente lo contrario de lo que pretende: mucha presencia y poca conexión. La ciudadanía está sobreexpuesta a publicidad. Reconoce caras, colores, slogans y logotipos, pero reconocer un rostro no significa confiar en él.
Por eso creo que Víctor todavía está a tiempo de cambiar la lógica. Si realmente tiene aspiraciones para Irapuato, yo apagaría por un momento el ruido publicitario y construiría un enorme ejercicio de escucha: universidades, mercados, empresas, colonias, comunidades rurales, organizaciones civiles, jóvenes, adultos mayores, ciudadanos que votan por el PAN y, todavía más importante, ciudadanos que jamás votarían por el PAN. Y haría algo que parece sencillo, pero que resulta extraordinariamente difícil para muchos políticos: preguntar sin llevar previamente la respuesta.
¿Qué ciudad quieren los irapuatenses? ¿Qué sienten que perdió Irapuato? ¿Qué funciona? ¿Qué está roto? ¿Por qué existe desencanto con la política? ¿Qué tendría que ocurrir para recuperar la confianza? De esas preguntas debería salir un proyecto. No de una agencia, no de una encuesta diseñada exclusivamente para medir conocimiento de nombre y mucho menos de un espectacular.
La publicidad debería ser la última consecuencia de una identidad política, no su punto de partida. Ese quizá sea uno de los grandes errores de la política tradicional: primero construye al candidato y después intenta encontrarle una causa. El nuevo modelo debería hacer exactamente lo contrario: primero escuchar la causa de una ciudad y después descubrir quién tiene capacidad para representarla.
Víctor Zanella tiene posibilidades. Negarlo sería poco serio. Tiene experiencia, estructura partidista y trayectoria. Pero precisamente porque puede competir, debería evitar quemar etapas. Irapuato no necesita comenzar hoy una campaña de 2027; necesita comenzar hoy una conversación sobre 2027. La diferencia parece pequeña, pero políticamente es enorme.
Leyendo a Garner encuentro que detrás del ascenso político de Porfirio Díaz hubo mucho más que propaganda: hubo territorio, redes, negociación, alianzas y una enorme capacidad para interpretar las fuerzas políticas y sociales de su tiempo. En una democracia moderna, esa capacidad tendría que evolucionar hacia algo mucho más profundo: escuchar, procesar y convertir el sentir ciudadano en un proyecto público.
Por eso mi recomendación para Víctor sería sencilla: menos espectaculares y más calle. Pero calle de verdad. No aquella utilizada como escenografía para una fotografía, sino aquella en la que el político se atreve a guardar silencio y escuchar. Porque probablemente la próxima elección no la gane quien consiga colocar más veces su rostro frente a los ciudadanos, sino quien tenga la inteligencia de detenerse, antes que los demás, a escuchar lo que esos ciudadanos llevan años tratando de decir.
Por Mario Cervantes Villegas
Empresario y Co-Fundador Contacto Noticias.






