Hungría ha decidido desconectar uno de los reactores de la central nuclear de Paks, que genera la mitad de la electricidad del país, debido a la caída del caudal del río Danubio. Este cierre temporal hará que la planta opere con una capacidad de solo 240 megavatios, en lugar de los dos mil habituales, y se prevé que quede totalmente inoperativa este domingo.
El primer ministro, Péter Magyar, destacó que el nivel del Danubio ha alcanzado -133 centímetros, un récord negativo que supera el mínimo histórico de -98 centímetros registrado en 2018. En su comunicado, Magyar consideró que la desconexión es «inevitable» y calificó la situación como «inimaginable» para el país, que utiliza tecnología soviética en la planta desde 1982.
Se anticipa que el nivel del Danubio continuará descendiendo en los próximos días, a la vez que se pronostican temperaturas de hasta 40 grados centígrados en la región. Magyar ha instado a la población a ser moderada en el consumo de electricidad, especialmente entre las 6:00 y las 9:00 de la noche, y ha recomendado a empresas e instituciones que ajusten su consumo en esos horarios.
El primer ministro destacó que la reducción voluntaria del consumo eléctrico de los últimos días ha logrado economizar una cantidad de energía equivalente a la generada por un reactor de Paks. También anunció que se están considerando restricciones de suministro eléctrico para grandes empresas y que se han implementado límites en la utilización de agua y prohibiciones de riego en numerosas localidades.
La situación ha llevado a Magyar a convocar a líderes parlamentarios para discutir las consecuencias de la parada de la central nuclear y la ola de calor que afecta al país. En cuanto a los países vecinos, Rumanía ha reducido la potencia de su única central nuclear en Cernavoda por razones similares, mientras que las plantas nucleares de Eslovaquia y Bulgaria no han sido afectadas, ya que no dependen del agua del Danubio para su refrigeración.
El cauce del Danubio ha alcanzado mínimos históricos debido a la falta de lluvias y el deshielo reducido en los Alpes, generando un impacto negativo en el transporte fluvial, la producción energética, el turismo y la agricultura en la región.









