Dr. Daniel Alberto Díaz Martínez
Hay noticias que merecen celebrarse, pero también analizarse con responsabilidad. Y cuando hablamos de salud pública, tenemos que hacerlo con seriedad, porque detrás de cada cifra hay personas, familias y vidas humanas.
Recientemente, la encuestadora Rubrum publicó su evaluación ciudadana de octubre de 2026 sobre los sistemas de salud estatales en México.
Los resultados llaman la atención: Aguascalientes ocupa el primer lugar nacional, con 6.85 puntos; Guanajuato, el segundo, con 6.75; y Querétaro, el tercero, con 6.70.
Los seis primeros lugares corresponden a entidades gobernadas por partidos distintos al del Gobierno federal.
¿Pero qué significa realmente esta información?
Primero, debemos reconocer que la percepción ciudadana importa. Cuando una persona recibe atención oportuna, encuentra medicamentos y es tratada con dignidad, su confianza en las instituciones aumenta.
Sin embargo, hay que precisar algo: una encuesta de percepción no demuestra, por sí sola, que un sistema de salud sea el mejor del país.
La propia Rubrum señala que realizó mil entrevistas telefónicas por estado, con un margen de error de más menos 3.8 puntos porcentuales.
Por eso, las diferencias pequeñas entre los primeros lugares deben interpretarse con prudencia.
Y aquí quiero compartirles una reflexión desde mi experiencia como médico cirujano, exsecretario de Salud de Guanajuato y profesional dedicado durante muchos años a la administración de servicios de salud.
Un sistema de salud no se construye con discursos. Se construye con instituciones, planeación, presupuesto, personal capacitado, medicamentos y decisiones responsables.
He tenido la oportunidad de conocer los desafíos de los hospitales, de los centros de salud y de la administración pública. Y puedo asegurarles que lograr resultados sostenibles requiere años de trabajo, continuidad institucional y una enorme coordinación.
Por eso resulta importante reconocer que Aguascalientes y Guanajuato aparezcan entre los primeros lugares de esta evaluación.
Pero también debemos ser autocríticos.
Porque obtener el primer lugar con 6.85 puntos no significa haber alcanzado la excelencia. Significa que todavía existe un amplio margen para mejorar.
Y esa es, precisamente, la responsabilidad de quienes gobiernan.
La Organización Mundial de la Salud nos recuerda, a través de su enfoque de cobertura sanitaria universal, que la verdadera fortaleza de un sistema se demuestra cuando las personas reciben los servicios que necesitan, sin enfrentar dificultades financieras.
Por eso, además de las encuestas, debemos medir indicadores concretos: porcentaje de recetas surtidas completamente, tiempos de espera, cirugías realizadas oportunamente, disponibilidad de especialistas, mortalidad evitable y seguridad del paciente.
Y aquí viene una pregunta fundamental:
¿De qué sirve presumir hospitales si el paciente no encuentra medicamentos? ¿De qué sirve anunciar grandes presupuestos si una familia tiene que endeudarse para recibir atención?
México necesita una discusión seria sobre su sistema de salud.
No podemos conformarnos con defender instituciones por razones políticas, ni descalificarlas simplemente porque pertenecen a otro partido.
Debemos reconocer lo que funciona, corregir lo que falla y aprender de las mejores experiencias, independientemente de quién gobierne.
Porque la salud no debería ser una competencia entre partidos políticos, sino un compromiso compartido con la sociedad.
Y quiero terminar con una reflexión:
El verdadero éxito de un gobierno en materia de salud no está en ocupar el primer lugar de una encuesta, sino en conseguir que ninguna persona pierda la salud, la vida o su patrimonio por una atención que pudo haberse brindado oportunamente.
Soy el doctor Daniel Díaz Martínez.
Y estoy convencido de que la salud es un derecho, no un privilegio; una responsabilidad del Estado y una tarea de todos.
Porque en salud, los resultados no se presumen: se demuestran en la vida de las personas.








