Ratko Mladic, excomandante de las fuerzas serbobosnias que sitiaron Sarajevo y encabezaron la masacre de Srebrenica, murió mientras cumplía una condena de cadena perpetua por crímenes de guerra. El fallecimiento fue informado por funcionarios del tribunal de las Naciones Unidas en La Haya, Países Bajos.
Mladic fue condenado en 2017 por el tribunal encargado de juzgar los crímenes cometidos durante la guerra en la antigua Yugoslavia. Permanecía bajo custodia desde 2011, cuando fue detenido cerca de Belgrado tras años de evadir a la justicia.
Durante el conflicto en Bosnia y Herzegovina, iniciado en 1992, Mladic dirigió a las tropas serbobosnias en el control de amplias zonas del país. Sus fuerzas sitiaron Sarajevo y otras ciudades, instalaron campos de concentración y asesinaron a civiles y prisioneros.
En 1995, las tropas bajo su mando mataron a más de 8 mil hombres y niños musulmanes en Srebrenica, entonces considerada un refugio seguro de las Naciones Unidas. La masacre fue reconocida como el primer genocidio en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Los sobrevivientes recordaron que Mladic apareció en Srebrenica repartiendo caramelos a los niños mientras aseguraba que todo estaría bien. Después, los hombres y niños fueron separados, asesinados y trasladados a fosas comunes.
El exgeneral también fue señalado por ordenar ataques de artillería contra zonas civiles de Sarajevo. La ciudad permaneció aislada durante varios años, mientras sus habitantes eran blanco de francotiradores y bombardeos.
La muerte de Mladic generó reacciones encontradas. Integrantes del grupo Madres de Srebrenica lamentaron que aún persistan expresiones que lo presentan como un héroe, mientras habitantes de Pale, bastión serbobosnio cercano a Sarajevo, lo despidieron como un comandante honorable.
Mladic nació en Bozinovici, al sur de Sarajevo, y se formó como oficial durante la era comunista. Durante la desintegración de Yugoslavia se alineó con los serbios y asumió el mando del ejército serbobosnio con el respaldo de Serbia y de Slobodan Milosevic.
Tras ser acusado de genocidio en 1996, permaneció oculto durante años en Bosnia y Serbia. Fue localizado y arrestado en mayo de 2011 en la casa de un familiar, cerca de Belgrado.
Al comparecer ante el tribunal de La Haya, Mladic mantuvo una actitud desafiante y rechazó las acusaciones en su contra. Su salud se deterioró durante los años de fuga y el periodo bajo custodia, en el que fue hospitalizado en varias ocasiones.








