El exilio que la rompió
En 2019, Lydia Cacho dejó México. Esta situación no fue una elección, sino una expulsión forzada por la violencia del Estado y del crimen organizado.
Lydia lleva siete años en el exilio. Describe esta experiencia como dura y desgastante. Explica que no es lo mismo elegir migrar que ser forzada a salir de su país.
Sueña a menudo con regresar a México. Escribir sobre su país fue una forma de reconnectar con su hogar, aunque ahora lo hace con medidas de seguridad.
La Lydia que conocemos va más allá de la periodista que denunció redes de explotación infantil. Habla de su vida cotidiana, de adoptar una perrita y de sus sueños de enamorarse de nuevo a los 63 años.
En el exilio, ha redescubierto pequeñas libertades: caminar sola de noche y manejar un coche sin escoltas. Sin embargo, este alivio se mezcla con el dolor de lo que ha perdido.
Lydia revela que el miedo a la violencia aún persiste en su vida. Ha tenido distancia de su familia, marcando su corazón con pérdidas difíciles de sobrellevar, como la muerte de su padre.
A raíz de su violencia y trauma, ha aprendido a manejar nuevamente, aunque siente el temor en su interior. La experiencia de la violencia le ha robado la posibilidad de sentirse una mujer «normal».
Aunque ha sido afectada profundamente, busca no dejar que el horror la consuma. Su madre le enseñó a no permitir que los traumas la definan.
Lydia sigue trabajando en mantener la fe en el amor y la amistad, luchando para no perder el deseo de vivir a pesar de las adversidades.







