Ciudad de México se prepara para recibir a millones de visitantes durante el Mundial de Fútbol, y uno de los símbolos más visibles de la ciudad es el ajolote, una salamandra endémica en peligro de extinción. Este animal se presenta en diversos murales, vagones del metro y esculturas relacionadas con el evento deportivo.
El ajolote, que significa «monstruo de agua» en náhuatl, se ha convertido en la mascota no oficial del Mundial. Sin embargo, su popularidad ha generado críticas entre los capitalinos, quienes señalan que el uso de su imagen puede desviar la atención de problemas de infraestructura y de conservación de la especie.
Investigaciones recientes muestran que no se han visto ajolotes en su hábitat natural durante dos años. En Xochimilco, uno de los últimos refugios del ajolote, los censos han demostrado un drástico descenso de la población. La Universidad Nacional Autónoma de México indica que el último censo, iniciado en 2024, no ha registrado el avistamiento de ajolotes, aunque se ha corroborado su ADN en el agua.
El deterioro del hábitat del ajolote se agrava por factores como la contaminación de aguas residuales, la transformación de chinampas en campos de fútbol y el turismo masivo impulsado por el Mundial. Expertos advierten que el aumento de visitantes puede tener un efecto dañino en las áreas ecológicas y culturales.
A pesar de la crisis que enfrenta, los ajolotes se crían en cautiverio, y científicos están investigando sus propiedades regenerativas. Mientras tanto, algunos turistas, atraídos por su popularidad, han comenzado a conocer al ajolote gracias a su representación en la ciudad. Sin embargo, la comunidad ecologista enfatiza que este interés aún no ha llevado a acciones efectivas para proteger su hábitat.








