Rolando Daza
Estamos en México y en Guanajuato, a la orilla de una delicada situación por el agua. Y me atrevería a señalar, el mundo atraviesa un difícil escenario. El calentamiento global, el efecto invernadero y la alteración de los patrones del clima cada día se perciben más.
Además, el agotamiento de las aguas subterráneas, el hundimiento del terreno es generalizado. En el mundo, el país y en Guanajuato, la extracción excesiva de agua subterránea ha provocado hundimientos en más de 6 millones de km². En algunas zonas, el terreno desciende hasta 25 centímetros al año, reduciendo permanentemente la capacidad de almacenamiento y aumenta el riesgo de inundación. La agricultura consume cerca del 70% de las extracciones mundiales de agua dulce. La contaminación reduce la cantidad de agua realmente utilizable. Y no hay agenda que esté a la altura de este desastre.
Asimismo, expertos e investigadores no dejan de advertir “espérense al Super Niño”, la forma en la que se le ha llamado coloquialmente al fenómeno del Niño del segundo semestre del 2026 y principios del 2027, en el que la temperatura superficial del mar supera su promedio en 2 grados C. Los efectos esperados, más lluvias torrenciales para unos, más sequía para otros.
Durante años, hablar de agua en México y Guanajuato se redujo a sequías, presas vacías y problemas de abasto para las ciudades como León e Irapuato, los cuales siguen siendo un problema; ahora el agua se convirtió en un factor de competitividad, inversión, desarrollo. Y no estamos preparados.
Se pueden anunciar parques industriales, plantas automotrices, proyectos de proveedores, centros logísticos o nuevas inversiones, pero todas esas actividades necesitan agua. La disponibilidad de agua ya forma parte de la ecuación que decide dónde invertir o no hacerlo. Sin duda, el agua puede convertirse en una ventaja competitiva para los estados que logren garantizarla.
El problema no es solamente cuánta agua hay, sino que existen pocos proyectos técnicos y financieros estructurados para aumentar la disponibilidad mediante reúso y el crecimiento de la economía. Esa falta de proyectos también significa falta de oportunidades para canalizar inversión privada y pública.
El agua es clave para toda las actividades sociales, productivas y económicas, pero también lo es no sólo el uso racional de la misma, sino el reúso que en el país simplemente no se ha aprovechado y no hay garantías ni futuro para nadie de seguir sin cambios y acciones concretas.






