Por Mario Felipe Cervantes Villegas
Hay una paradoja que acompaña a quienes ejercen el poder: cuanto más alto llegan, mayor puede ser la tentación de seguir acumulándolo.
En la antigua Roma, Marco Aurelio comprendió que la gloria pública era tan fugaz como el desprecio. Una reflexión que suele atribuírsele resume esa idea: «No te dejes llevar por el aplauso ni por la crítica; ambos son efímeros».
Dos mil años después, la lección conserva vigencia en Guanajuato.
Alejandra Gutiérrez Campos gobierna León, el municipio de mayor población del estado y uno de los principales centros económicos del Bajío. Su posición le otorgaba visibilidad, influencia y un peso político que trasciende las fronteras municipales.
Pero también plantea una pregunta inevitable: ¿dónde termina la legítima aspiración de ejercer liderazgo y dónde comienza la tentación de convertir el poder en un fin en sí mismo?
La pregunta adquiere relevancia ante las diferencias políticas que se han señalado entre la alcaldesa y la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo.
No toda discrepancia significa confrontación. La autonomía municipal existe precisamente para permitir que los ayuntamientos defiendan sus atribuciones. Pero tampoco debería confundirse la defensa de una institución con la construcción de un proyecto personal.
Y esa distinción resulta fundamental.
León no es un trofeo político. Es una ciudad con necesidades que no esperan a que sus gobernantes resuelvan sus diferencias.
Los ciudadanos necesitan resultados en seguridad, movilidad, infraestructura y servicios públicos. Necesitan coordinación entre el municipio y el estado, aun cuando sus autoridades tengan visiones distintas.
Porque gobernar no consiste en demostrar quién tiene mayor influencia, sino en utilizarla para resolver problemas.
Alejandra Gutiérrez parece tener la mirada puesta en la gubernatura de Guanajuato, y esa aspiración corre el riesgo de distraerla de su responsabilidad más importante: gobernar León.
Hay una paradoja en el poder: mientras más obsesivamente se persigue, más puede alejarse de quien lo ambiciona. En ese escenario, vale la pena cuestionar el papel de Enrique Avilés y si la estrategia de comunicación que rodea a la alcaldesa, visible en la publicidad institucional y en el tono de sus declaraciones, está alimentando una imagen de protagonismo personal por encima de los resultados de gobierno.
Porque el poder, cuando se confunde con el ego, termina por nublar el juicio y convertir las aspiraciones en prioridades. Alejandra tiene derecho a soñar con gobernar Guanajuato, pero no debe olvidar una verdad elemental: Ale se debe a la gente de León, no a su ambición política. Y el poder no se engrandece cuando se acumula, sino cuando se utiliza para servir.
Las constantes invitaciones de Alejandra Gutiérrez a Jorge Álvarez Máynez, dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, y la creciente confrontación pública con la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo pueden interpretarse como parte de una estrategia de posicionamiento político rumbo a 2030.
La reiterada presencia de un dirigente partidista nacional en espacios vinculados con la administración municipal plantea una pregunta inevitable: ¿dónde termina el ejercicio de gobierno y dónde comienza la construcción de una candidatura? Al mismo tiempo, las diferencias con el Ejecutivo estatal contribuyen a proyectar una identidad política propia frente al PAN. Aunque estos elementos no prueban una estrategia deliberada de confrontación, sí justifican examinar sus consecuencias institucionales.
El empresariado leonés necesita certidumbre, diálogo y coordinación entre gobiernos, no que los proyectos estratégicos de la ciudad queden atrapados en disputas partidistas.
Alejandra Gutiérrez ha decidido politizar el conflicto del puente del bulevar Aeropuerto, presentándolo como una falta de voluntad del Gobierno del Estado. Pero la voluntad política no sustituye la certeza jurídica. Su administración presentó una carta de intención de compraventa, no los documentos firmados que garantizaran la liberación de los terrenos. Sin esa documentación, el recurso corría el riesgo de quedar detenido, incluso con la ampliación de los plazos. Sería absurdo pensar que la gobernadora no quiere invertir en León. El problema no parece ser la falta de voluntad, sino la falta de documentos. Porque los puentes no se construyen con discursos, sino con acuerdos, firmas y recursos legalmente disponibles.
Ale no lo olvides.. el poder es prestado….










