El verano ha dado inicio en el hemisferio norte, marcando un evento astronómico significativo conocido como solsticio, que se produjo a las 20:42 horas, hora central de México. Este fenómeno se caracteriza por alcanzar la mayor altura del sol en el cielo, lo que resulta en días más largos y noches más cortas. En contraste, se considera el inicio del invierno en el hemisferio sur.
De acuerdo con expertos, la determinación exacta del inicio del verano está relacionada con el movimiento orbital de la Tierra alrededor del Sol y su rotación diaria. Estos fenómenos, que no ocurren en intervalos constantes, provocan que la fecha de inicio del verano varíe cada año.
El significado del solsticio trasciende lo puramente astronómico, especialmente en el contexto mexicano. La etimología de «solsticio» proviene del latín «solstitium», que se traduce como «sol quieto.» Este evento ha tenido un profundo impacto cultural y espiritual en las civilizaciones prehispánicas de Mesoamérica, donde la observación de astros como el Sol, la Luna y Venus era vital para la organización del calendario y la vida cotidiana.
Históricamente, el solsticio no solo señalaba un cambio en las condiciones climáticas, sino que también influía en prácticas agrícolas y ceremoniales. Las sociedades indígenas utilizaban esta época como indicador para predecir festividades, planificar ciclos de cultivo y realizar rituales que incluían danzas y ofrendas, reflejando la conexión entre la astronomía y el ciclo de la vida en la región.









