En Morena prometieron acabar con los privilegios. Hoy, contratos millonarios, proveedores bajo investigación y relaciones incómodas ponen a prueba el discurso de la 4T.
Hubo un tiempo en que Andrés Manuel López Obrador prometía que los lujos del poder habían llegado a su fin.
Que se acabarían los privilegios. Que nadie volvería a enriquecerse a la sombra del gobierno. Que la austeridad republicana sería una nueva forma de ejercer el poder.
El discurso era poderoso. Millones lo creyeron.
Hoy, mientras las familias mexicanas hacen cuentas para llenar el refrigerador, mientras persisten las dificultades para conseguir medicamentos y la inseguridad sigue marcando la vida cotidiana, una historia que rodea al Instituto Nacional Electoral obliga a formular preguntas incómodas.
Y el contraste tiene una frase perfecta:
¡Qué buena está la champaña de París!
El nombre de Guadalupe Taddei, presidenta del INE, aparece en el centro de una controversia por sus relaciones con proveedores del organismo, contratos millonarios y posibles conflictos de interés.
Las investigaciones periodísticas han señalado vínculos entre empresarios contratistas y personas cercanas a la funcionaria. Entre los casos documentados figura una adjudicación directa por $195.1 millones de pesos a empresas proveedoras de material electoral.
La Auditoría Superior de la Federación ha iniciado una investigación de oficio ante las irregularidades en contrataciones, posibles conflictos de interés, colusión y triangulación de recursos.
Guadalupe Taddei llegó a la presidencia del INE mediante durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, en marzo de 2023, después de que Morena y la oposición no alcanzaran un acuerdo en la Cámara de Diputados y su nombre resultara seleccionado mediante una tómbola.
López Obrador respaldó públicamente su designación y la calificó como una mujer honesta e íntegra. Además, reconoció conocer a su familia, varios de cuyos integrantes han ocupado cargos vinculados con Morena y su gobierno.
¡Qué descaro! Los videos difundidos por LatinUs del hijo de Guadalupe Taddei, presidenta del INE, en un exclusivo y emblemático hotel de París, donde las suite lujosa que alquilaron costó cerca de los $200 mil pesos por noche, desatan indignación. En las imágenes aparece junto a un empresario vinculado con contratos millonarios del organismo que encabeza su madre. Ambos abren una botella de champaña y, entre brindis y risas, se escucha una frase que parece resumir la controversia: «¡Qué buena está la champaña de París!». Una escena que contrasta con el discurso de austeridad que durante años se prometió por parte del presidente Andres Manuel López Obrador a los mexicanos.
Mientras millones de mexicanos cuentan los pesos para llegar a fin de mes, estas imágenes exhiben un contraste difícil de ignorar.
La pregunta resulta inevitable: ¿qué hacía el hijo de la máxima autoridad electoral compartiendo semejante escenario de lujo con un contratista del INE? Aquellos que prometieron terminar con los privilegios tienen mucho que explicar. ¡Qué buena está la champaña de París!
¿Qué dicen Pepe Aguirre, Abraham Sotomayor, Hades Aguilar, Emmanuel Reyes Carmona representantes de Morena en Guanajuato?
¿Exigen transparencia? ¿Piden que se investigue hasta las últimas consecuencias? ¿O consideran suficientes las explicaciones ofrecidas hasta ahora?
Sería importante conocer sus respuestas.
Porque para tener la lengua larga hay que tener la cola corta.
También sería importante escuchar a quienes durante años defendieron que la austeridad y el combate a la corrupción serían principios irrenunciables de la vida pública.
Y mientras tanto, ahí están los que se llenan la boca hablando de la historia de México, de sus héroes y personajes ilustres, como Gómez Escalante en Irapuato, repitiendo discursos que merecen una lectura mucho más crítica.
Porque la historia no se cuenta solamente con monumentos y discursos. Las grandes transformaciones también dejaron heridas profundas: la Independencia nos dio soberanía, pero abrió décadas de inestabilidad; la Reforma consolidó el Estado laico, pero estuvo marcada por una guerra civil; la Revolución conquistó derechos sociales, pero costó innumerables vidas y dio paso a un régimen de partido hegemónico. Y la llamada Cuarta Transformación de López Obrador, que prometió acabar con la corrupción y los privilegios, enfrenta hoy sus propias contradicciones entre la austeridad proclamada y los cuestionamientos sobre el ejercicio del poder.
La historia merece memoria, no veneración automática. Y la austeridad exige cuentas, no discursos.
Mientras unos hablan de los héroes de la patria, otros tendrán que explicar los millones de los contratos públicos.
¡Qué rica está la champaña de París!
Por Mario Felipe Cervantes Villegas











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