Kerrville, Texas – En la madrugada de un fin de semana, los equipos de rescate comenzaron a operar en medio de un escenario devastador. Lorena Guillén, residente de la zona, fue despertada por las luces de los rescatistas y los gritos provenientes de afuera. Al asomarse, se encontró con el río Guadalupe, que había crecido notablemente y cubierto su propiedad de siete acres.
Guillén, quien alquila espacios a personas con autocaravanas junto al cauce del río, observó como una familia de cinco personas luchaba por aferrarse a un árbol, resistiendo la fuerza de la corriente. A pesar de los esfuerzos de quienes intentaban ayudar desde tierra firme, la situación se tornó crítica.
Las inundaciones, consecuencia de una tormenta que azotó el sur de Texas, han dejado un saldo trágico de al menos 68 muertos y numerosos desaparecidos, entre ellos 27 jóvenes que se encontraban en un campamento cristiano. El embate del agua ha dejado una huella de destrucción a lo largo de los 370 kilómetros del río, afectando comunidades enteras.
En medio del caos, los diferentes cuerpos de seguridad han intensificado sus esfuerzos para localizar a los desaparecidos. A través de operativos aéreos y marítimos, se han logrado rescatar a aproximadamente 850 personas, según informaron autoridades locales.
El alguacil del condado destacó su compromiso con la búsqueda, afirmando que no cesarán hasta encontrar a cada persona que sigue desaparecida. En este contexto, el gobernador del estado hizo un llamado a la administración federal para declarar el área en estado de desastre y declaró un día de oración en honor a las víctimas.
El Servicio Nacional de Meteorología había emitido alertas de inundación en la región desde la mañana del sábado, aunque algunos residentes manifestaron que tales avisos son comunes y a menudo considerados como rutinarios. Una de las críticas principales fue la subestimación de la intensidad de las precipitaciones, que variaron entre 12.7 y 27.9 centímetros en las zonas afectadas.
Expertos en meteorología han cuestionado la preparación de la región para este tipo de desastres, sugiriendo que se podrían haber implementado medidas preventivas si se hubieran seguido las recomendaciones de las autoridades y expertos en clima.
Mientras tanto, residentes como Jef Haflin, de 70 años, relataban sus experiencias sobre la tormenta. Haflin, quien ha vivido cerca del río toda su vida, declaró que nunca antes había presenciado una inundación de tal magnitud y lamentó la falta de atención a las alertas meteorológicas, que consideró una habitualidad.
La comunidad, en medio del duelo y la pérdida, se mantiene unida ante esta tragedia, recordando la fragilidad de sus vidas y la fuerza de su resiliencia.









