El virus del ébola ha comenzado a circular en el este de la República Democrática del Congo (RDC) desde febrero, cuatro meses antes de que se declarara oficialmente la epidemia el 15 de mayo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este retraso en la respuesta ha dificultado el control del brote, que se ha agravado por su rápida propagación y la inseguridad en la región.
En la provincia oriental de Ituri, epicentro del brote, el director regional de la OMS para África, Mohamed Yakub Janabi, destacó que hasta el 70% de los fallecimientos ocurre en los hogares, lo que indica que muchas personas no buscan atención médica. La OMS ha instado a involucrar más a la comunidad en la lucha contra el virus.
La epidemia actual se considera el segundo brote con más contagios registrados en la historia, superando al que ocurrió entre 2018 y 2020, que dejó 2,299 muertes. Sin embargo, aún se encuentra lejos de la crisis de 2014 a 2016 en África Occidental, que causó unos 11,000 muertos. A esta situación se suma el hecho de que no existen vacunas ni tratamientos aprobados para la cepa que está causando el brote.
La contagiosa cepa de Bundibugyo tiene una tasa de letalidad que varía entre el 30% y el 50%. El ébola se transmite a través del contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados, provocando graves síntomas como fiebre hemorrágica, vómitos y hemorragias internas. La situación es compleja, ya que el brote también ha llegado a Uganda, que declaró su recuperación el 28 de julio tras registrar 20 contagios, incluidos 15 importados de la RDC.







