Guyana, uno de los países más pobres de Sudamérica durante décadas, atraviesa una transformación acelerada por el petróleo y por el aumento de los precios internacionales provocado por el conflicto en Irán. En Georgetown, la capital, los Ferrari y Lamborghini comienzan a compartir las calles con viviendas precarias, mientras los restaurantes de lujo, las bodas millonarias y las inversiones inmobiliarias reflejan una riqueza que todavía no alcanza por igual a toda la población.
El país, con alrededor de un millón de habitantes, comenzó a producir crudo hace pocos años y ahora espera obtener cerca de 6,500 millones de dólares durante este año, más del doble de lo previsto inicialmente. La combinación de precios elevados y la búsqueda internacional de proveedores alejados de las rutas energéticas amenazadas ha vuelto especialmente atractivo el petróleo guyanés.
Guyana produce aproximadamente 900,000 barriles diarios y proyecta alcanzar una capacidad de 1.7 millones en 2030. Su economía creció 33% durante el primer semestre del año y el Banco Mundial ya la clasifica como una economía de ingresos altos. La renta anual por habitante ronda los 32,000 dólares, por encima de Chile y Uruguay, mientras que sus reservas petroleras per cápita solo serían superadas por las de Kuwait.
¿Quién se está beneficiando del auge petrolero de Guyana?
El Gobierno sostiene que los ingresos financian carreteras, puentes, reducciones fiscales, educación universitaria gratuita y pagos extraordinarios de aproximadamente 500 dólares para los ciudadanos. Sin embargo, una parte de la población denuncia que la prosperidad se concentra en una élite, mientras persisten deficiencias en los servicios públicos, riesgos de inundaciones e incendios y problemas de vivienda.
La bonanza también expone contradicciones. Guyana extrae grandes cantidades de crudo, pero no cuenta con infraestructura suficiente para transformarlo en gasolina y diésel, por lo que debe importar combustibles. Durante la primavera incluso registró problemas temporales de abastecimiento, una señal de su dependencia frente a las alteraciones del mercado energético.
El crecimiento petrolero, además, ha reavivado la disputa territorial con Venezuela por el Esequibo, región que Caracas reclama y que representa más de la mitad del territorio guyanés. La resolución de la Corte Internacional de Justicia está prevista para principios de 2027, en un contexto marcado por los intereses de Exxon Mobil y Estados Unidos.
- Punto clave / Qué ocurrió: Guyana se enriqueció rápidamente por la producción petrolera y el alza internacional del crudo.
- Impacto o alcance: El auge impulsa el lujo y la llegada de trabajadores extranjeros, pero también encarece la vivienda y mantiene desigualdades.
- Qué sigue: El país deberá administrar sus ingresos mediante su fondo soberano y enfrentar la disputa por el Esequibo.
Guyana necesita convertir sus ingresos extraordinarios en infraestructura, servicios y oportunidades para la mayoría. El desafío será evitar que los autos de lujo se conviertan en el símbolo de una riqueza petrolera que, pese a las cifras récord, no llegó a repartirse de manera duradera.



