Los empresarios hemos sido relegados de la vida pública del país y, particularmente, de los espacios de decisión política. Y no se diga del Partido Acción Nacional, una institución que en Guanajuato construyó buena parte de su historia con la participación de empresarios, profesionistas y ciudadanos que entendieron que la política también debía ser un instrumento para transformar la sociedad.
Hoy, paradójicamente, aquel modelo de participación ciudadana parece haber cedido terreno frente a una estructura dominada por políticos, legisladores y funcionarios de la vieja política que han desarrollado prácticamente toda su trayectoria dentro del servicio público y las estructuras partidistas.
La reciente designación de los nueve llamados Defensores de la Patria, la Familia y la Libertad del PAN en Guanajuato, rumbo al proceso electoral de 2027, permite abrir una discusión sobre la representación empresarial y el relevo generacional.
Entre los nueve perfiles aparece un solo empresario claramente identificado: Gerardo Arredondo Hernández, en Salamanca. Los demás cuentan principalmente con trayectorias públicas vinculadas a la política, donde solo han brincado de un puesto a otro.
Guanajuato fue escenario de una transformación política en la que participaron empresarios y ciudadanos que encontraron en Acción Nacional una alternativa de representación. Figuras como Carlos Medina Plascencia o Chava Pérez en Irapuato formaron parte de una generación que vinculó la actividad productiva, la participación ciudadana y el ejercicio del poder público.
Sin embargo, con el paso del tiempo, los partidos desarrollaron estructuras cada vez más rígidas. La experiencia legislativa, las relaciones internas y la permanencia en cargos públicos adquirieron un peso considerable en la construcción de “perfiles políticos”.
¿En qué momento dejamos de considerar la experiencia empresarial como una vía relevante para participar en el gobierno?
Los empresarios estamos acostumbrados a trabajar con presupuestos, objetivos, indicadores, procesos y resultados. Sabemos que una organización no puede sostenerse indefinidamente a partir de reuniones, discursos o decisiones sin evaluación.
Una empresa necesita planeación, administración financiera, innovación y capacidad para corregir errores. Estas herramientas también pueden contribuir al funcionamiento de las instituciones públicas.
La administración es una disciplina. La toma de decisiones puede apoyarse en evidencia científica. Y las políticas públicas deben evaluarse mediante datos verificables.
Gobernar no debería reducirse a las reuniones en restaurantes, los acuerdos de escritorio y las interminables juntas donde se habla mucho, pero pocas veces se presentan indicadores que permitan conocer los resultados.
Un gobierno necesita metodologías, sistemas de información, controles administrativos y mecanismos de evaluación.
El verdadero problema aparece cuando la experiencia política se convierte en el principal criterio de acceso a los espacios de representación y se reducen las oportunidades para quienes han desarrollado su vida profesional fuera del gobierno.
Acción Nacional tiene frente a sí una pregunta que trasciende las elecciones de 2027: ¿qué tan abiertos están sus mecanismos de participación a empresarios, emprendedores, académicos, profesionistas y jóvenes que desean involucrarse en los asuntos públicos?
Coordinar equipos de alto desempeño, diseñar sistemas de trabajo, establecer procesos eficientes y administrar recursos estratégicamente son responsabilidades que comparten la dirección empresarial y la administración pública.
Los empresarios entendemos que una organización no mejora destruyendo todo lo que se ha construido, sino identificando lo que funciona, conservándolo y optimizándolo mediante metodologías, tecnología e indicadores de desempeño.
Gobernar también debería significar construir instituciones que funcionen más allá de las personas y los periodos administrativos, con procesos estandarizados, objetivos medibles y mecanismos de mejora continua.
No se trata de reinventar el gobierno cada tres años, cambiar por cambiar o desechar lo realizado por administraciones anteriores, sino de aprovechar la experiencia acumulada, corregir las deficiencias y perfeccionar los sistemas existentes.
Porque una administración eficiente no depende de quién ocupa el cargo, sino de la solidez de sus procesos, la capacidad de sus equipos y la continuidad de aquello que genera resultados.
¿En qué momento el PAN dejó de abrirles las puertas a los empresarios que ayudaron a construir su historia?
Por Mario Felipe Cervantes Villegas
Columna de opinión | Guanajuato






