Hay lugares donde la pobreza se mide en estadísticas y otros donde se percibe en las condiciones de vida de sus habitantes. Comunidades donde las carencias son evidentes, pero donde la dignidad, la solidaridad y la esperanza siguen siendo más grandes que las dificultades.
Uno de esos lugares es Purísima.
Como empresario con dimensión social, siempre he creído que el éxito no debe medirse únicamente por el dinero que acumulamos o los negocios que construimos, sino también por nuestra capacidad de transformar positivamente la vida de los demás.
Esa convicción me ha llevado a recorrer comunidades y escuchar historias que difícilmente aparecen en los informes de gobierno.
Y hay una que particularmente me conmueve.
Cada vez que visito Purísima, sus habitantes me reciben con un cariño extraordinario. Se acercan a saludarme, comparten sus preocupaciones y, en ocasiones, me piden ayuda. A pesar de sus dificultades económicas, conservan algo invaluable: su enorme calidad humana.
Pero recientemente me hicieron una petición que merece ser escuchada.
Quieren construir un centro deportivo para sus niños.
No piden lujos, monumentos ni obras que lleven el nombre de algún político. Quieren un espacio donde sus hijos puedan jugar, practicar deporte y mantenerse alejados de los riesgos de la calle.
En el fondo, están pidiendo algo mucho más importante que una cancha: una oportunidad para cambiar el futuro de sus hijos.
La verdadera política social no se mide por las fotografías con familias vulnerables, sino por las oportunidades que permanecen cuando se apagan las cámaras.
La responsabilidad de quienes podemos ayudar
He conocido personas con enormes carencias materiales que, aun así, están dispuestas a compartir lo poco que tienen. Madres y padres que trabajan incansablemente para ofrecerles a sus hijos una vida mejor.
Por eso, cuando los habitantes de Purísima me piden apoyo, no puedo simplemente escucharlos y olvidarme de su petición.
Creo que quienes hemos tenido oportunidades para emprender y construir empresas también tenemos una responsabilidad con nuestra sociedad.
Porque la lucha social no pertenece a la izquierda ni a la derecha. Pertenece a quienes todos los días intentan transformar su realidad.
Hoy quiero hacer visible la petición de Purísima y llamar a las autoridades correspondientes y a la iniciativa privada a explorar la viabilidad de este proyecto.
Por mi parte, existe la disposición de acercar voluntades y acompañar a la comunidad en la búsqueda de alternativas.
Porque cuando pienso en Purísima, pienso en las personas que me reciben con cariño y en las familias que todavía creen que sus hijos merecen un futuro diferente.
Una sociedad no demuestra su grandeza por la riqueza de sus empresarios ni por el poder de sus gobernantes, sino por las oportunidades que ofrece.
Antes de darles la espalda, hagámonos una pregunta: si fueran nuestras familias quienes crecieran sin oportunidades, ¿no haríamos todo lo posible por cambiar su futuro?
LA LUCHA SOCIAL | Por Mario Felipe Cervantes Villegas






