Un estudio de la Universidad de Yale encontró una posible pista genética detrás de la misofonía, una condición en la que sonidos cotidianos como masticar, respirar o sorber desencadenan reacciones emocionales intensas. El análisis, realizado con 101 personas con misofonía y sus padres biológicos, identificó antecedentes familiares de esta sensibilidad en una proporción relevante, aunque sus resultados todavía no permiten afirmar que exista un gen único responsable.
El trabajo, disponible como preprint en medRxiv y aún sin revisión por pares, encontró que 39 % de los participantes tenía al menos un familiar de primer grado con misofonía. Al incluir abuelos, tíos y primos, la proporción aumentó a 48 %, lo que refuerza la posibilidad de que la condición se agrupe dentro de algunas familias.
Sin embargo, la presencia de varios casos entre parientes no demuestra una herencia directa. La coincidencia podría estar relacionada con variantes genéticas, con el ambiente compartido, con experiencias familiares o con una combinación de factores biológicos y ambientales que todavía no se comprenden por completo.
¿Qué relación tiene la misofonía con otros trastornos?
Entre los participantes, 70 % reportó ansiedad, 38 % depresión, 31 % trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y 25 % trastorno obsesivo compulsivo (TOC). En sus familiares de primer grado también se identificaron con frecuencia ansiedad, depresión, TDAH, TOC y autismo, aunque las proporciones variaron entre las familias.
Las madres reportaron misofonía con mayor frecuencia que los padres: 29 % frente a 9 %. Una diferencia semejante apareció en los reportes de ansiedad. El hallazgo coincide con investigaciones previas que han observado más casos de misofonía en mujeres, pero las causas de esa diferencia aún no están claras.
La condición no equivale simplemente a sentir molestia ante un ruido. En los casos intensos, ciertos sonidos pueden provocar ira, ansiedad, asco o una reacción física inmediata, al punto de llevar a algunas personas a evitar comidas compartidas, aulas, oficinas y otros espacios sociales.
- Punto clave / Qué ocurrió: Yale identificó antecedentes familiares de misofonía en 39 % de los participantes y de hasta 48 % al considerar parientes más lejanos.
- Impacto o alcance: La sensibilidad puede afectar la convivencia, las actividades sociales y la vida diaria, especialmente cuando las reacciones son intensas.
- Qué sigue: Los investigadores realizarán análisis genéticos más detallados y compararán familias con y sin misofonía.
Los científicos planean estudiar familias completas y tríos formados por una persona con misofonía y sus dos padres para buscar variantes genéticas poco comunes o mutaciones espontáneas. Por ahora, la evidencia es preliminar: la muestra se integró con personas que reportaron un diagnóstico y no incluyó un grupo de comparación sin misofonía.







