Hay una pregunta que se repite en los cuartos de guerra cuando cierranlas casillas y empiezan a llegar las actas. El candidato revisa los números, compara con las encuestas de las últimas semanas y no entiende. ¿Por qué no votaron por mí, si me dijeron que sí? ¿Por qué no salieron a votar? ¿Por qué, si yo vi que fueron a la casilla, no me salen las cuentas?
La tentación es culpar al encuestador, a la operación del adversario o alclima del día de la elección. Pocas veces se mira el punto donde realmente se fracturó el vínculo: la distancia entre lo que una persona responde cuando alguien le pregunta y lo que decide cuando está sola frente a la boleta. Esa distancia tiene nombre. Se llama voto secreto, y en ella se juega la verdad de toda campaña.
La encuesta: una fotografía con fecha de caducidad
Conviene decirlo con claridad: las encuestas son indispensables. En la etapa de definición de candidaturas permiten medir conocimiento, opinión positiva y negativa, y potencial de crecimiento. Durante la precampaña ayudan a detectar los temas que preocupan a la gente, a ordenar prioridades y a distribuir recursos en el territorio. Ya en campaña, las mediciones periódicas muestran tendencias, alertan sobre caídas y permiten corregir el rumbo a tiempo. Un estratega que trabaja sin datos trabaja a ciegas.
Su fuerza está en el método: una muestra bien diseñada ofrece una lectura confiable de la percepción en un momento determinado. Ahí mismo comienza su debilidad. La encuesta mide lo que la gente dice, en un instante específico, frente a una persona desconocida o a una llamada telefónica. No mide con precisión lo que la gente siente, ni la intensidad de ese sentimiento, ni su disposición real a levantarse temprano un domingo para ir a votar.
Muchos ciudadanos responden lo que consideran socialmente correcto, lo que creen que el encuestador quiere escuchar o lo que les evita problemas en una comunidad donde todos se conocen. Otros contestanpor cortesía. Algunos mencionan el nombre que más han visto enbardas y redes, aunque ese nombre no les provoque nada. En laencuesta responde la razón; en la urna decide el destino.
El voto secreto: el momento donde nadie mira
Detrás de la mampara desaparecen las presiones visibles. No está el líder de colonia, no está el vecino, no está quien entregó el apoyo ni quien hizo la llamada. Queda la persona frente a su propia vida. En ese momento, que dura apenas unos segundos, el votante no consulta lo que contestó semanas atrás. Consulta, casi sin darse cuenta, su mundo emocional.
Ahí actúa el instinto de sobrevivencia, el mecanismo más antiguo del ser humano. Frente a una decisión que percibe relacionada con su seguridad, su trabajo, su familia y su futuro inmediato, el cerebro busca a quien le transmita protección. El votante marca la boleta por la opción que en ese instante le recordó una emoción acorde con esa necesidad: la que lo hizo sentir más acompañado. Puede ser elcandidato que encabezaba las encuestas o el que aparecía en tercerlugar. La decisión la toma la memoria emocional.
Cuando ninguna de las opciones logró despertar esa confianza, la respuesta del instinto es otra: se queda en casa, anula su voto o lo deja en blanco. La abstención, vista desde esta perspectiva, es una forma de autoprotección. El ciudadano no encontró a nadie que lo representara en su lucha diaria y decidió no entregar su confianza.
Por qué no salen las cuentas
La explicación de esa brecha entre lo que se midió y lo que se votó casi siempre se encuentra en la comunicación. Para empezar, la campaña no encontró identidad: habló de sí misma, de su trayectoria y de sus logros, sin que el votante pudiera reconocerse en ese mensaje. Además, no entendió el territorio ni su código cultural. Cada comunidad tiene sus formas de hablar, sus heridas, sus orgullos y sus códigos de confianza; quien llega con un discurso genérico es percibido como ajeno, por más espectaculares y anuncios que contrate.
Por último, y esto es lo más grave, la campaña no tenía un verbo rector. Sin esa acción central que ordena todo lo que el candidato dice, hace y representa, la comunicación se fragmenta: un día habla de seguridad, otro de obra pública, otro de juventud, y el votante termina sin saber quién es realmente esa persona ni qué hará por su vida. Unacomunicación sin integridad no genera vínculo emocional. Sin vínculo emocional, el instinto de sobrevivencia no se activa a favor del candidato; en el mejor de los casos permanece indiferente.
El verbo rector, puente entre la percepción y la urna
En la metodología Verbomarketing, el verbo rector es la acción que el candidato encarna de manera auténtica y que el ciudadano reconoce como una respuesta directa a su necesidad de protección. Cuidar,resolver, defender, acompañar: no importa tanto la palabra como lacoherencia con las que se vive.
Cuando ese verbo atraviesa el discurso, la imagen, el recorrido territorial, las propuestas y la conducta diaria del candidato, se produce lo que llamo integridad comunicativa.
Esa integridad tiene un efecto decisivo. La repetición coherente de una misma acción, expresada en el lenguaje y el código cultural de cadacomunidad, se convierte en memoria.
Cuando el votante entra a la casilla, esa memoria emerge como emoción: la sensación de que ahí hay alguien que entiende su vida y está dispuesto a protegerla. Ese es el momento en que la percepción, finalmente, se transforma en voto.
Por eso las encuestas deben leerse como lo que son: un instrumentovalioso para saber dónde está una campaña. El verbo rector es lo quepermite convertir esa posición en una conexión que resista la soledad de la mampara.
Hoy se vota por la vida
El electorado ha cambiado. Durante años se creyó que el voto podía conseguirse con un obsequio, una despensa o un apoyo de última hora. Esa lógica pierde fuerza cada elección. Hoy el ciudadano vota por suvida y por el día a día que le permita protegerla: la seguridad de sucalle, el empleo que paga la renta, la clínica que atiende a sus padres, elagua que llega a su casa, la escuela de sus hijos.
Quien entienda esto dejará de preguntarse por qué la gente le dijo que sí y votó por otro. Comprenderá que la batalla decisiva nunca estuvo en la encuesta. Estuvo siempre en la capacidad de acompañar emocionalmente al ciudadano hasta el momento en que nadie lo ve. En la urna, el votante no recuerda lo que contestó. Recuerda quién lo hizo sentir acompañado.
Víctor Flores es estratega político y de marca, director general de Consultora Verbomarketing y creador de la metodología del mismo nombre. Es autor de cinco libros, entre ellos Verbomarketing, que figuró entre los más vendidos de Amazon en 2025.
Por Víctor Flores
Creador y promotor de la metodología Verbomarketing











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