Dr. Daniel Alberto Díaz Martínez
Octubre se viste de rosa. Vemos listones, edificios iluminados y campañas contra el cáncer de mama.
Pero quiero invitarte a pensar: ¿qué cambia en la vida de una mujer cuando termina la campaña?
Porque detrás de cada diagnóstico hay una persona con sueños, proyectos, seres queridos… y derecho a recibir atención a tiempo.
En México, el INEGI reportó, en sus cifras preliminares de 2024, 8 mil 384 muertes de mujeres por cáncer de mama. Eso equivale a casi 23 mujeres cada día. Veintitrés historias que terminaron; veintitrés ausencias que dejaron una huella profunda.
Y cada vida vale por sí misma. Una mujer merece cuidarse y recibir atención por quien es.
A veces, una revisión se posterga por miedo al resultado. Otras veces, porque falta dinero, transporte, permiso en el trabajo o una cita disponible.
Por eso, hablar de detección oportuna también exige hablar de acceso, de acompañamiento y de responsabilidad de nuestras instituciones.
Hay algo que debemos recordar: el cáncer de mama puede aparecer sin dolor y sin antecedentes familiares. La Organización Mundial de la Salud señala que la mayoría de las mujeres diagnosticadas no tiene antecedentes familiares conocidos. Sentirse bien no elimina la necesidad de revisarse. (OMS, “Cáncer de mama”, 2026)
¿Qué podemos hacer?
Conocer nuestras mamas y consultar si aparece una bolita, un cambio en la piel, hundimiento del pezón o secreción anormal. No esperes a que duela. Tener alguno de estos cambios no significa necesariamente cáncer, pero sí requiere valoración.
La recomendación general de la norma mexicana es realizar una mastografía cada dos años entre los 40 y los 69 años, aunque no haya síntomas. Si tienes antecedentes familiares u otros factores de riesgo, consulta para definir un seguimiento individual. Y si notas algún cambio, busca atención a cualquier edad: no esperes a la siguiente mastografía.
La autoexploración no sustituye la mastografía ni la valoración médica.
Y realizar el estudio es apenas un paso: hay que recibir el resultado y completar el seguimiento. A nuestras autoridades les corresponde asegurar que un hallazgo sospechoso conduzca a diagnóstico y tratamiento oportunos.
A quienes acompañamos, nos toca escuchar, facilitar una cita, ofrecer transporte, estar presentes.
Y a ti, que hoy enfrentas esta enfermedad: mereces información clara, trato digno y apoyo. Tu valor no depende de cuánto puedas soportar en silencio.
Que octubre rosa se convierta en una cita cumplida, un resultado revisado y una atención sin demoras.
Porque detectar a tiempo puede cambiar una historia.
Y esa historia puede ser la tuya.










