Las protestas en Irán han dejado miles de muertos y detenidos, afectando de forma directa a comunidades locales y dificultando la comunicación entre familias y periodistas debido a los cortes de internet y otras restricciones. La situación ha elevado la tensión interna y generado repercusiones internacionales por la respuesta de las autoridades.
Organizaciones de activistas reportan que el número de fallecidos supera las 5.000 personas y que más de 26.800 personas han sido detenidas. Según ese recuento, 4.716 eran manifestantes, 203 estaban afiliados al gobierno, 43 eran niños y 40 eran civiles que no participaban en las protestas.
Esas organizaciones verifican las muertes mediante una red de activistas dentro del país, pero el acceso limitado a la información y las interrupciones en internet desde principios de mes complican la confirmación independiente de los hechos. La restricción de comunicaciones también ha afectado el trabajo de periodistas locales.
El gobierno iraní presentó su propio recuento, que sitúa en 3.117 el número de fallecidos, y señaló que 2.427 de esos decesos correspondían a civiles y miembros de las fuerzas de seguridad, atribuyendo el resto a «terroristas». Esa clasificación ha sido cuestionada por observadores y grupos de derechos humanos.
Medios internacionales y agencias noticiosas han señalado que no han podido evaluar de manera independiente las cifras por las limitaciones impuestas por las autoridades, que incluyen además el bloqueo de llamadas internacionales. La televisión estatal ha repetido descalificaciones hacia los manifestantes y ha atribuido las protestas a injerencias externas sin presentar pruebas públicas.
Estados Unidos ha respondido movilizando activos militares hacia la región, entre ellos el portaaviones USS Abraham Lincoln y buques de guerra que lo acompañan. Un oficial de la Marina estadounidense, que habló bajo condición de anonimato, confirmó la presencia del grupo de ataque en el océano Índico.
El presidente de Estados Unidos declaró que esas fuerzas se desplazan «por si acaso» y señaló que tal vez no sea necesario emplearlas; también advirtió con la posibilidad de una acción militar si las autoridades iraníes llevasen a cabo ejecuciones planificadas de manifestantes.







