En Japón, la disolución de la Cámara de Representantes por la primera ministra Sanae Takaichi abre el camino a elecciones anticipadas que pondrán en juego la estabilidad del gobierno.
La decisión fue anunciada al inicio de la sesión parlamentaria y provocó el inmediato vaciado de la sala, tras invocar la Constitución para proceder a la disolución.
Takaichi convocó las elecciones buscando traducir su elevado índice de aprobación en más escaños, después de llegar al poder recientemente.
El Ejecutivo gobierna con una mayoría muy ajustada de un diputado en la Cámara Baja y se encuentra en minoría en la Cámara Alta, situación que explica la urgencia por ampliar su respaldo parlamentario.
La disolución da paso a una campaña electoral breve, con un calendario reducido hasta la celebración de los comicios.
El objetivo del Partido Liberal Democrático (PLD) y su nuevo socio, el Partido de la Innovación de Japón (Ishin), es alcanzar la mayoría en la Cámara Baja, donde se disputan 465 escaños.
Responsables del PLD han defendido la convocatoria como necesaria para afianzar un aumento del gasto público propuesto por el Gobierno con el fin de impulsar la estancada economía.
Takaichi, que asumió la dirección del PLD tras unas primarias internas, se enfrentará a la Alianza Reformista Centrista, la nueva formación que une al Partido Democrático Constitucional y a Komeito, este último rompió su tradicional coalición con el PLD tras la elección de la dirigente.







