A los 27 años, Griselle Martínez González descubrió una pequeña bolita dura en uno de sus senos mientras se bañaba. Aunque una primera valoración médica atribuyó el hallazgo a una posible fibrosis y el ultrasonido no identificó el padecimiento, la persistencia y el crecimiento de la protuberancia la llevaron a buscar una segunda opinión. Una biopsia confirmó cáncer de mama triple negativo en etapa 3, por lo que tuvo que iniciar tratamiento de inmediato.
El diagnóstico modificó sus planes y la obligó a enfrentar un proceso médico y emocional de alta exigencia. Recibió 16 sesiones de quimioterapia para reducir el tumor, una mastectomía bilateral radical, 25 sesiones de radioterapia y posteriormente quimioterapia oral. Las complicaciones, entre ellas una parálisis intestinal, provocaron la suspensión de parte del tratamiento porque su organismo ya no toleraba las sesiones.
La decisión de retirar ambos senos también implicó procesar la pérdida de una parte de su cuerpo con la que se identificaba. Griselle practicaba danza árabe y desde el inicio manifestó su deseo de reconstruirse. Después de dos cirugías, especialistas utilizaron piel y músculo de su espalda para colocar los implantes. El acompañamiento psicológico, la tanatología, su familia y otras mujeres que atravesaban la enfermedad fueron determinantes para afrontar la depresión y los cambios físicos provocados por la quimioterapia.
¿Cómo cambió su vida después del tratamiento?
En 2020 entró en remisión, luego de que sus estudios mostraran que ya no había evidencia de la enfermedad. Sus revisiones médicas, que inicialmente se realizaban cada tres meses, ahora son anuales. Actualmente tiene 35 años, es mamá de un bebé de nueve meses y colabora como voluntaria en la Asociación de Mujeres Unidas contra el Cáncer de Mama (Muccam), donde comenzó a participar en 2020.
También se formó como acompañante tanatológica para apoyar a pacientes oncológicas, sus familias y mujeres en remisión. Desde esa experiencia subraya que el cáncer representa una carga económica incluso para quienes cuentan con seguridad social o seguro de gastos médicos mayores, debido al costo de medicamentos, insumos y efectos secundarios del tratamiento.
- Qué ocurrió: Griselle recibió a los 27 años un diagnóstico de cáncer de mama triple negativo en etapa 3 y atravesó quimioterapias, radiaciones, mastectomía y reconstrucción mamaria.
- Impacto o alcance: La enfermedad transformó su salud, su imagen corporal, sus planes de maternidad y sus finanzas, pero actualmente se encuentra en remisión y es madre.
- Qué sigue: Mantiene revisiones médicas periódicas, participa en Muccam y promueve la detección oportuna mediante su testimonio y la exposición fotográfica Piel Viva, instalada durante octubre en la Alameda Hidalgo.
Griselle comparte su historia para acompañar a quienes reciben un diagnóstico y recordarles que no están solas. Su mensaje es revisar cualquier señal del cuerpo, buscar apoyo profesional y familiar, y avanzar “un día a la vez”.






