La inminente apertura de una oficina de banca patrimonial de BBVA en la Ciudad de México está generando expectativas significativas en el panorama político y financiero. Esta nueva división del banco español, destinada a gestionar activos superiores a 30 millones de dólares, marca un hito en la estrategia de internacionalización de sus servicios. México se perfila como el primer destino internacional para esta iniciativa, lo que refleja un cambio en la dinámica del sector financiero en el país.
BBVA se une a un selecto grupo de entidades bancarias que ya ofrecen servicios de alta gama, como CaixaBank y Bankinter, las cuales también han atraído el interés de personalidades políticas. Este tipo de servicios resulta atractivo, especialmente por la facilidad de transferir activos a Luxemburgo, donde el marco fiscal es más favorable que en gran parte de Europa. Este aspecto se convierte en un punto crucial para muchos en el ámbito político mexicano, considerando la actual tensión con Estados Unidos.
La incertidumbre política en EE. UU. ha intensificado las preocupaciones sobre la posible congelación de cuentas y activos. Un senador de la 4T ha señalado los riesgos que esto conlleva, especialmente de cara al año electoral. El caso del presidente del Partido Verde, Jorge Emilio González, ejemplifica esta situación, ya que busca evitar votar leyes que puedan provocar fricciones con Washington debido a sus intereses en Texas.
La situación no solo afecta la gestión de recursos; también tiene implicaciones en otros sectores como el turismo. Miembros de la 4T evitan viajar a EE. UU. por miedo a detenciones, lo que ha llevado a un redireccionamiento de sus actividades recreativas hacia Europa. Recientemente, un destacado miembro de un think-tank en Washington observó que la presencia de políticos de Morena en eventos y foros ha disminuido notablemente, reflejando un temor palpable a las repercusiones legales en tierras estadounidenses.









