El 28 de diciembre de 1895 marca un hito en la historia del cine, cuando los hermanos Lumière exhibieron sus innovadoras creaciones en el Gran Café del Boulevard de París. Este evento se inscribe en una larga tradición de exploraciones científicas y técnicas que comenzaron mucho antes con dispositivos como el taumatropo y la cámara oscura, culminando en el surgimiento del cine como un medio poderoso para capturar la imagen y contar historias.
Nueve décadas antes, en 1815, la erupción del volcán Tambora en Indonesia provocó un fenómeno climático conocido como el “año sin verano”, que se manifestaría en un enfriamiento extremo en el hemisferio norte durante 1816. Este contexto inusual llevó a figuras como Lord Byron, Percy Shelley y Mary Shelley a reunirse en la Villa Diodatti en Suiza, donde se desafiarían a escribir relatos de terror. Fue en este contexto que Mary Shelley esbozó los primeros trazos de Frankenstein o el moderno Prometeo, inspirándose en los experimentos galvánicos del médico Luigi Galvani, que exploraban la electricidad como fuente de vida.
En 1931, el cine adaptó la novela de Shelley por primera vez, dando vida a la historia del médico Víctor Frankenstein y su controvertida criatura, un reflejo de las tensiones entre la creación y el creador. Desde entonces, numerosas versiones cinematográficas han explorado este relato gótico, que plantea inquietantes preguntas sobre la humanidad y la moralidad.
En el ámbito del cine mexicano, la figura de la criatura se ha integrado en el imaginario popular, compartiendo el escenario con otros íconos del género de terror, como El Santo. Esta evolución ha permitido que la narrativa de Frankenstein se convierta en una parte integral de la cultura cinematográfica del país.
Recientemente, la obra de Mary Shelley ha vuelto a cobrar vida a través de la visión de Guillermo del Toro. La nueva adaptación, que se estrena en octubre, cuenta con las actuaciones de Óscar Isaac como Víctor Frankenstein y Jacob Elordi como la criatura, ofreciendo una confrontación entre el científico que desafía a la naturaleza y la divinidad, y el ser creado que busca entender su propia existencia.
Del Toro, en sintonía con su búsqueda personal y artística, describe en su obra En casa con mis monstruos a la criatura como un ser incomprendido que anhela aceptación y compañía, un tema recurrente en su filmografía. La nueva versión de Frankenstein promete ser un trabajo filosófico y poético, una reflexión sobre la maldad humana y la naturaleza del monstruo, temas que han resonado en la obra de Del Toro a lo largo de su carrera.
La novela de Mary Shelley, escrita en un contexto marcado por erupciones volcánicas y condiciones climáticas extremas, continúa planteando interrogantes fundamentales que el cine ha tratado de resolver y reinterpretar a lo largo de los años, enriqueciendo el diálogo sobre la condición humana y las sombras que la acechan.





