Un reciente estudio revela que las dinámicas de poder entre machos y hembras en las sociedades de primates son más complejas de lo que se había asumido tradicionalmente. A pesar de la creencia generalizada de que los machos dominan, la investigación sugiere que, en la mayoría de las especies, ninguna de las dos sexos ejerce un dominio absoluto sobre el otro.
El análisis, realizado por un equipo de investigadores de instituciones europeas, se basa en observaciones exhaustivas del comportamiento de machos y hembras en 253 poblaciones de 121 especies de primates. Sus hallazgos, publicados en una revista científica de renombre, indican que las asimetrías de poder son variables y que las disputas entre sexos son comunes. De hecho, alrededor del 50% de los enfrentamientos en estas sociedades involucran a un macho y una hembra.
Históricamente, la mayoría de las investigaciones han enfocado su atención en los conflictos entre individuos del mismo género, partiendo de la premisa errónea de que machos y hembras compiten por recursos diferentes. Sin embargo, este estudio invita a reconsiderar estas premisas, evidenciando que, aunque en algunas poblaciones los machos ganan más del 90% de los enfrentamientos con hembras, en otras 16 existe un claro dominio femenino, y el 70% de las poblaciones exhibe sesgos de género moderados o inexistentes.
Los investigadores propusieron cinco hipótesis para explicar este fenómeno, descubriendo que el predominio femenino en ciertas especies se asocia con factores clave, como la monogamia, la similitud de tamaño entre machos y hembras, y la representación de hembras en arbóreos. En situaciones de intensa competencia por recursos, como entre especies solitarias o en parejas, las hembras tienen mayor control sobre sus decisiones de apareamiento.
Por el contrario, el dominio masculino es más prevalente en especies terrestres donde la diferencia de tamaño y fuerza física entre los géneros es notable, y donde los machos suelen aparearse con múltiples hembras.
La investigación subraya que, mientras los machos obtienen poder a través de la fuerza física y la coacción, el empoderamiento de las hembras se basa en estrategias reproductivas. Este descubrimiento pone en tela de juicio las narrativas que asocian el patriarcado humano con patrones observados en primates, abriendo la puerta a una comprensión más matizada de las relaciones de género que considera el impacto de factores sociales y ecológicos.









