Los ataques aéreos rusos han destruido alrededor de 15 millones de libros en Ucrania durante los últimos meses, una cifra superior a un tercio de la producción anual del país. La ofensiva golpeó almacenes y editoriales, obligó a reducir personal y alteró la distribución, pero no detuvo la apertura de librerías ni la celebración de encuentros literarios en distintas ciudades.
La resistencia del sector se refleja en la expansión de Sens, una cadena nacida en Kiev que abrió una nueva librería en el centro de Leópolis, una de las principales capitales culturales ucranianas. Su crecimiento ocurre mientras más ciudadanos optan por leer en el idioma oficial de Ucrania y aumenta el interés por autores locales surgidos o reconocidos durante la invasión a gran escala.
En sus estanterías conviven traducciones de éxitos internacionales con obras de escritores ucranianos como Artem Chej, Artur Dron y Victoria Amelina, cuyos textos abordan las experiencias de la guerra. Sin embargo, la producción enfrenta una amenaza directa: la destrucción de instalaciones estratégicas ha llevado a varias editoriales al borde de la desaparición.
¿Cómo se reorganiza la industria editorial ante los ataques?
Con los grandes almacenes dañados, los editores han dispersado sus existencias y procesos de impresión en instalaciones más pequeñas, algunas ubicadas bajo tierra. La editorial Krapky, de Kremenchuk, perdió todos los libros que tenía disponibles y presentó mostradores vacíos en la feria BookForum, donde solicitó a los lectores reservar futuras ediciones.
La solidaridad también se convirtió en una forma de sostener al sector. En Leópolis, asistentes buscaron deliberadamente los puestos de editoriales afectadas para comprar sus ejemplares. La feria más antigua del país reunió a lectores y profesionales, pese a la cancelación del festival “Un país de libros” en Kiev, después de que participantes clave se retiraran por las pérdidas económicas acumuladas.
El apoyo alcanza también a los soldados y hospitales. La iniciativa “Libros para el Frente”, encabezada por Andrí Ovcharuk, ha reunido más de 60 mil ejemplares donados. La colección incluye fantasía, novelas históricas y libros de autoayuda, géneros que, según sus organizadores, ayudan a los militares a enfrentar largos periodos de espera y recuperación.
- Qué ocurrió: Los ataques aéreos rusos destruyeron unos 15 millones de libros y afectaron almacenes y editoriales.
- Impacto o alcance: La pérdida supera un tercio de la producción anual y golpea a empresas, autores, librerías y lectores.
- Qué sigue: Las editoriales reorganizan su logística, recurren a instalaciones pequeñas y promueven pedidos anticipados para continuar publicando.
En Leópolis, las lecturas y debates mantienen viva la memoria de autores como Victoria Amelina, fallecida en 2023 tras un ataque ruso cerca del frente. Para escritores e intelectuales, la literatura documenta los crímenes de guerra y preserva un registro de lo ocurrido, mientras la industria busca mantenerse activa pese a la destrucción y la incertidumbre.






