En Devighat, en el distrito de Nuwakot, Nepal, Abhishek Sharma, de 16 años, logró escapar de una inundación que arrasó su vivienda mientras cargaba a su abuelo sobre la espalda. El adolescente había salido rumbo a la escuela el 31 de agosto de 2026, pero regresó después de que el director del plantel le advirtiera que una riada avanzaba sobre la comunidad.
“No vayas a la escuela. Viene una inundación”, le dijo el director, según recuerda Abhishek a pocos metros del lugar donde se encontraba su casa. El joven dio media vuelta y comenzó a descender por la carretera, aunque para entonces el agua ya atravesaba la vía.
Durante el trayecto encontró a su abuelo sentado junto al camino. “Lo levanté sobre mi espalda y lo llevé cuesta arriba”, relata el adolescente. La familia consiguió llegar a una zona elevada y ponerse a salvo; ninguno de sus integrantes resultó herido, pero la vivienda desapareció por completo.
“El río se la llevó. No quedó nada”, afirma Abhishek sobre la casa en la que vivía con su familia. La escena forma parte de la devastación provocada por las inundaciones en amplias zonas de Nepal, donde se reportan cientos de muertos, miles de personas sin localizar y comunidades enteras destruidas o aisladas.
En Devighat, el barro, las piedras y los escombros cubrieron las antiguas calles hasta alcanzar en algunos puntos la altura de los techos. Varias viviendas permanecen prácticamente enterradas y dentro de algunas todavía se encuentran cadáveres que, cinco días después de la riada, no han podido ser recuperados debido a la inestabilidad del terreno.
Cinco días refugiados en la montaña
Las condiciones del suelo también han impedido el ingreso de maquinaria pesada a determinadas áreas. Mientras tanto, los equipos de rescate intentan llegar a las zonas incomunicadas y recuperar los cuerpos que continúan atrapados bajo viviendas y escombros.
Abhishek y su familia permanecieron cinco días en la montaña antes de trasladarse a un hospital ayurvédico de la zona, habilitado como refugio para algunos sobrevivientes. En el poblado, el adolescente camina acompañado de tres amigos por calles cubiertas de lodo y junto a un centro improvisado donde reciben los cadáveres recuperados.
Drones aterrizan en el lugar con cuerpos sujetos a camillas, mientras las labores de rescate continúan. La casa de Abhishek ya no existe y el balance de víctimas permanece abierto, debido a que aún hay personas desaparecidas y comunidades a las que no se ha podido acceder.






