En un análisis de las relaciones entre España y América Latina durante el régimen de Francisco Franco, se observa un notable cambio estructural en la política exterior española. Aunque Franco nunca visitó la región, su visión de la Hispanidad trató de consolidar un nexo basado en una relación desigual, donde España era considerada la «Madre Patria», según expertos.
El concepto de Hispanidad llegó a ser la piedra angular de la política franquista, caracterizada por un enfoque imperialista que promovía la cultura, la lengua y el catolicismo como elementos de unidad. Esta estrategia se reforzó cuando, tras la retirada de embajadores en 1946 provocada por una resolución de la ONU, España buscó romper su aislamiento mediante la alianza con diversas naciones latinoamericanas.
En este contexto, Argentina se destacó como un aliado importante, especialmente durante los gobiernos de Juan Domingo Perón. La visita de la primera dama, Eva Perón, en 1947, marcó el inicio de una relación que posicionó a Argentina como un apoyo clave para el régimen franquista, a pesar de las diferencias ideológicas.
Mientras otros países latinoamericanos también estrechaban lazos con Franco, México se mantuvo al margen, albergando al exilio republicano español y evitando restablecer relaciones diplomáticas hasta 1977, dos años después de la muerte del dictador. La relación con dictaduras y gobiernos autoritarios en la región, como los de Trujillo en la República Dominicana y Stroessner en Paraguay, contrastaba con vínculos más distantes con naciones como Brasil y Costa Rica, que, aunque existían, no eran del todo afines.
En términos culturales, a pesar de que Franco no envió a altos funcionarios a América Latina, sí impulsó misiones culturales que ayudaron a mantener una conexión con la región. La unión lingüística y la historia compartida facilitaron este vínculo, aunque el régimen estaba más interesado en afianzar relaciones económicas con Europa.
Con la muerte de Franco en 1975, las relaciones entre España y Latinoamérica evolucionaron hacia una dinámica más igualitaria. Desde la llegada de Adolfo Suárez, el primer presidente español postfranquista, se promovieron vínculos más estrechos, dando lugar a eventos como las Cumbres Iberoamericanas, que, aunque actualmente enfrentan retos, han sido un punto de encuentro significativo.
A pesar de tensiones recientes con ciertos gobiernos en la región, como los de Nicaragua y Venezuela, las relaciones en general se mantienen sólidas. Desde un enfoque empresarial, el panorama ha cambiado, con inversiones no solo de España en Latinoamérica, sino también de empresas latinoamericanas en el territorio español, reflejando una interconexión que ha crecido en las últimas décadas.





