Irapuato, Gto., 26 de agosto de 2026.— El teatro irapuatense está de luto. Roberto Rivero y Góngora, una de las figuras más longevas y representativas de la actividad escénica de la ciudad, falleció a los 102 años de edad, dejando tras de sí una trayectoria de casi ocho décadas dedicada a la actuación, la producción y la difusión teatral.
Yucateco de nacimiento, pero irapuatense por adopción y convicción, Rivero y Góngora hizo de Irapuato el escenario principal de una vida dedicada al arte. Su nombre quedó estrechamente ligado al desarrollo de la actividad teatral de la ciudad y a la formación de varias generaciones de actores y aficionados.
Fue fundador de la compañía de teatro Xochipilli, con la que presentó cientos de montajes y mantuvo durante años una de las tradiciones escénicas más queridas por el público local: su tradicional pastorela.
Su trayectoria trascendió el ámbito local. A lo largo de su carrera tuvo oportunidad de participar en compañías y compartir experiencias profesionales con figuras emblemáticas de la actuación mexicana como Silvia Pinal e Ignacio López Tarso. También trabajó con el director José Soler, con quien desarrolló una importante etapa de su actividad profesional.
En el ámbito personal, estuvo casado con Lupita Barquín Carmona, con quien procreó a su hijo Roberto.
Una vida reconocida sobre los escenarios
En 2022, el Gobierno Municipal de Irapuato le rindió homenaje en el Teatro de la Ciudad, donde recibió un reconocimiento por 75 años de trayectoria en el teatro y la actuación.
Dos años después, en 2024, su contribución a la cultura irapuatense recibió uno de sus mayores reconocimientos: la Presea Vasco de Quiroga de Plata, máxima distinción que concede el municipio a ciudadanos cuya trayectoria y aportaciones han dejado una huella significativa en la comunidad.
Aquel reconocimiento se convirtió, con el paso del tiempo, en una suerte de gran aplauso público para quien había entregado prácticamente toda su vida a los escenarios.
Roberto Rivero y Góngora perteneció a una generación para la cual hacer teatro significaba mucho más que representar personajes. Implicaba formar compañías, conseguir escenarios, producir montajes, ensayar durante meses y mantener vivo el interés del público por las artes escénicas.
Por ello, su fallecimiento no representa solamente la pérdida de un actor o productor, sino la desaparición física de uno de los protagonistas de la memoria cultural de Irapuato.
Su cuerpo será velado a partir de las 19:00 horas en la Funeraria Hernández, donde familiares, amigos, integrantes de la comunidad artística y representantes de distintos sectores podrán despedirlo.
A los 102 años, Roberto Rivero y Góngora abandona el escenario después de una vida extraordinariamente larga y fecunda.
El telón cae, las luces se apagan y queda el silencio que sigue a las grandes representaciones.
Después vendrá el aplauso.
Descanse en paz, maestro Roberto Rivero y Góngora.








