Iniciativa Legislativa para la Prevención de Enfermedades Mentales en México
La diputada de Morena ha presentado una iniciativa destinada a modificar la Ley General de Salud, mediante la adición de nuevas fracciones al artículo 73 que buscan establecer programas para la prevención temprana de enfermedades mentales y el seguimiento a la depresión. Esta propuesta plantea el reconocimiento de la depresión y otros trastornos mentales como posibles causas de discapacidad psicosocial.
La reforma sugiere que la Secretaría de Salud, junto a las instituciones de salud y los gobiernos estatales, implementen programas específicos que incluyan la prevención, detección temprana y tratamiento integral de la depresión, con un enfoque particular en grupos vulnerables como mujeres y cuidadores.
Además, se propone garantizar el acceso a servicios de atención integral, rehabilitación y apoyo comunitario sin discriminación. La iniciativa también aboga por la implementación de la corresponsabilidad social y familiar en el cuidado de la salud mental, promoviendo el autocuidado y la distribución equitativa de tareas de responsabilidad.
Otro aspecto clave de la propuesta es la capacitación obligatoria del personal de salud en temas de género, derechos humanos y discapacidad psicosocial. Se busca incorporar un enfoque de género en todos los programas y políticas de salud mental, así como eliminar estereotipos y barreras institucionales.
El documento, que ha sido turnado a la Comisión de Salud, resalta que la depresión no debe ser tratada como un problema aislado, sino como un síntoma colectivo de desigualdades que afecta la salud pública. La reforma tiene como objetivo avanzar hacia un sistema de atención más equitativo e inclusivo, garantizando el derecho de todas las personas a una vida digna y una salud mental adecuada.
Cifras de la Organización Mundial de la Salud indican que más de 280 millones de personas en el mundo padecen depresión, siendo una de las principales causas de discapacidad a nivel global. En el ámbito nacional, datos de la Encuesta Nacional de Evaluación del Desempeño 2002–2003 muestran una prevalencia del 4.5% de episodios depresivos en la población adulta, con variaciones entre géneros.





