Para Ucrania, la aceptación de Vladimir Putin de participar en una reunión trilateral en los Emiratos Árabes Unidos supone más tiempo para la continuación del conflicto, ya que el Kremlin no se comprometió a un alto el fuego. La decisión se percibe como un resultado limitado para Kyiv, que sufre ataques masivos contra su infraestructura energética.
Las conversaciones en el Kremlin con los emisarios de la Casa Blanca, Steve Witkoff y Jared Kushner, duraron 3 horas y 40 minutos y no alteraron las posiciones rusas. El encuentro fue, según fuentes oficiales, la séptima ronda en la que Moscú mantuvo su postura invariable.
Putin aceptó enviar a Abu Dabi una delegación encabezada por un alto mando militar, pero no ofreció otras concesiones que alivien la situación en Ucrania. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afronta la presión por los ataques que han dejado a millones sin luz ni calefacción en pleno invierno.
Las autoridades de Kyiv calculan que cientos de miles de habitantes han abandonado la ciudad en las últimas semanas ante las bajas temperaturas que rondan los 0 grados en los domicilios. La situación humanitaria y el daño a la infraestructura son elementos centrales de la preocupación pública y diplomática.
Desde el Kremlin se valoró el trabajo estadounidense en la preparación de la reunión y se expresó la esperanza de que el encuentro de Abu Dabi permita avanzar hacia un “acuerdo de arreglo pacífico”. La delegación rusa, liderada por el almirante Ígor Kostiukov, partió con destino a los Emiratos en las horas siguientes.
Zelenski, que se reunió previamente con el presidente estadounidense, manifestó que el eje de las conversaciones será la distribución del Donbás, donde Ucrania aún controla más de una quinta parte de la región de Donetsk. El presidente ucraniano prevé que las partes presenten propuestas centradas en el territorio.
Kiev enviará a Abu Dabi un equipo negociador encabezado por el jefe de la oficina presidencial, Kirilo Budánov, junto con el líder del grupo parlamentario de su partido, David Arajamia, y el jefe del Consejo para la Seguridad Nacional, Rustem Umérov. La composición refleja la combinación de perfiles militares y políticos en la apuesta negociadora ucraniana.
El Kremlin advirtió que sin una solución a la cuestión territorial no habrá una paz “duradera”, condicionando cualquier alto el fuego a acuerdos sobre el territorio. Rusia remarcó además que esa solución debe respetar la “fórmula acordada en Anchorage”, en referencia a una cumbre previa entre sus líderes y Washington.
Moscú insiste en la retirada de las tropas ucranianas de las cuatro regiones anexionadas en 2022, con especial énfasis en el Donbás, y reclama que cualquier paz pase por concesiones territoriales. Al mismo tiempo, Rusia sostuvo que sus Fuerzas Armadas mantienen la iniciativa estratégica, pese a la ralentización de su ofensiva por el frío y la nieve.
Putin abordó además con sus emisarios el proyecto de una “Junta de la Paz” y la cuestión de Groenlandia, asuntos que encontró oposición en Kyiv y escepticismo en Europa. Propuso transferir mil millones de dólares de activos rusos congelados en Estados Unidos a esa estructura y emplear otros cerca de cinco mil millones en reparaciones para la reconstrucción tras la firma de un acuerdo de paz.
Es la primera vez que Moscú plantea la posibilidad de reparaciones directas, aunque la cifra ofrecida resulta limitada frente al volumen total de activos congelados, la mayor parte de los cuales se encuentra en Europa y asciende a cientos de miles de millones de dólares. La propuesta agrava las diferencias entre las partes sobre las condiciones y el calendario de un eventual arreglo.







