La forma en que una persona dibuja podría ayudar a identificar señales asociadas con el Parkinson, una enfermedad que altera el control del movimiento y puede causar temblores, rigidez, lentitud y problemas de coordinación. Un equipo de investigadores desarrolló un sistema de inteligencia artificial que analiza dibujos realizados con un bolígrafo inteligente para detectar diferencias sutiles entre personas con la enfermedad y participantes saludables.
El estudio, publicado en Discover Computing, utilizó datos recopilados previamente en Brasil de 66 personas: 31 con Parkinson y 35 que integraron el grupo de control. Cada participante realizó dos tareas sencillas: dibujar una espiral y completar una figura de líneas continuas con varios cambios bruscos de dirección, conocida como meandro.
Mientras se realizaban los dibujos, el dispositivo registró información que no puede observarse únicamente en la imagen final. El bolígrafo inteligente midió la presión ejercida, el agarre de los dedos, la inclinación y la aceleración, con lo que creó un registro digital de los movimientos y del control motor de cada participante.
Posteriormente, los investigadores introdujeron estos datos en varios modelos de aprendizaje profundo. Los sistemas buscaron irregularidades en los trazos, deformaciones relacionadas con los temblores, cambios de velocidad, variaciones de presión y dificultades sutiles de coordinación.
Los meandros mostraron la mayor precisión
Para mejorar las predicciones, el equipo empleó un método denominado SNAKE, que combina los resultados de distintos modelos y concede mayor peso a los que ofrecen un desempeño más preciso. El mejor resultado se obtuvo con los dibujos de meandros, con una precisión de 98,95 por ciento para distinguir entre las personas con Parkinson y los controles saludables.
En el caso de las espirales, la precisión también fue elevada, de aproximadamente 97,74 por ciento. Los meandros podrían ser especialmente útiles porque obligan a realizar cambios frecuentes de dirección, lo que permite observar alteraciones pequeñas en la estabilidad, la coordinación y el control muscular.
Las espirales, en cambio, ayudan a evaluar la capacidad para mantener curvas continuas, controlar el movimiento y conservar una trayectoria estable durante toda la tarea. Además, combinar la imagen con los datos registrados por el bolígrafo aportó más información que analizar solamente el dibujo terminado o los movimientos por separado.
El objetivo es desarrollar herramientas de detección accesibles, económicas y no invasivas que puedan complementar las evaluaciones realizadas por especialistas. Sin embargo, los resultados no significan que dibujar una espiral permita obtener por sí solo un diagnóstico confiable de Parkinson.
La principal limitación fue el tamaño de la muestra, ya que participaron únicamente 66 personas. También es necesario considerar que la enfermedad puede presentarse en distintas etapas y formas, mientras que otros padecimientos o los cambios asociados con la edad pueden afectar la escritura y el dibujo.
Por ahora, los autores consideran que sus resultados muestran el potencial de esta tecnología, pero no constituyen una prueba definitiva para su uso clínico. Si futuras investigaciones confirman estos hallazgos con miles de participantes, una tarea tan sencilla como dibujar podría convertirse en una herramienta adicional para apoyar la detección temprana del Parkinson.










