En Singapur, tener un automóvil puede ser una señal de estatus más poderosa que conducir un Ferrari o un Lamborghini. La razón es el elevado costo de los Certificates of Entitlement (COE), permisos obligatorios para registrar un vehículo que pueden superar el equivalente a 1.3 millones de pesos, sin incluir el precio del auto ni gastos como gasolina, seguro, mantenimiento y estacionamiento.
El sistema fue creado en 1990 para limitar la cantidad de vehículos en las calles y contener los congestionamientos en una ciudad-estado de apenas una superficie equivalente a casi la mitad de la Ciudad de México, pero con una población de aproximadamente 5.9 millones de habitantes. En lugar de permitir un crecimiento ilimitado del parque vehicular, las autoridades controlan la oferta de permisos mediante subastas que se realizan un par de veces al mes.
El COE tiene una vigencia de 10 años, por lo que el comprador debe asumir desde el inicio que el permiso representa una parte sustancial del costo total de propiedad. Al concluir ese periodo, conservar el vehículo implica enfrentar nuevamente las condiciones establecidas por el sistema, lo que convierte al automóvil en un bien mucho menos accesible que en otros países.
¿Por qué un auto viejo puede costar una fortuna en Singapur?
El caso de Andre Lee ilustra el impacto de esta política. En 2020, el agente de seguros adquirió un Kia Forte modelo 2010 por 24,000 dólares, una cantidad muy superior a la que normalmente tendría un vehículo de esa antigüedad en México. Lee explicó que compró el automóvil para impresionar a sus clientes y comparó poseer un auto con tener un Rolex.
La medida afecta directamente a conductores, familias y comerciantes que necesitan trasladarse, pero también modifica la percepción social del automóvil: incluso un modelo antiguo y deteriorado puede convertirse en un símbolo de solvencia. Para dimensionar la diferencia, en Singapur hay alrededor de 11 vehículos por cada 100 habitantes, frente a 71 en la Ciudad de México y 86 en Estados Unidos.
El control, sin embargo, no funciona de manera aislada. Su aplicación estuvo acompañada por un fuerte desarrollo del transporte público, con una red que conecta estaciones de metro y rutas de autobús capaces de llegar a prácticamente cualquier zona de la isla. Esa infraestructura ofrece una alternativa cotidiana para quienes no pueden o no desean pagar el costo de tener automóvil.
- Punto clave / Qué ocurrió: Singapur limita la propiedad de automóviles mediante certificados obligatorios y subastados.
- Impacto o alcance: Un COE puede superar 1.3 millones de pesos y se suma al precio total del vehículo.
- Qué sigue: El sistema mantiene permisos con vigencia de 10 años y subastas periódicas para controlar el parque vehicular.
El modelo singapurense muestra que restringir el automóvil puede reducir la cantidad de vehículos, pero exige contar con un transporte público amplio y eficiente. Por ahora, tener coche en la ciudad-estado continúa siendo un privilegio costoso, sin importar si se trata de un auto de lujo o de uno viejo y en mal estado.







