El entorno político británico se agita con la dimisión del secretario de Estado para las Fuerzas Armadas, Alistair Carns, pocas horas después de la renuncia de John Healey, ministro de Defensa. Ambos abandonan sus cargos por discrepancias sobre el presupuesto de defensa y la preparación del país frente a amenazas potenciales.
En su carta de dimisión, Carns expresó su preocupación por los desacuerdos con el Gobierno sobre la evaluación de las amenazas que enfrenta el Reino Unido. Aseguró que su intento de impulsar cambios significativos no había fructificado. El exmilitar advirtió que el país está rezagado en su preparación para conflictos, mientras sus adversarios están fortaleciendo sus arsenales.
Healey, por su parte, justificó su salida argumentando que no tenía más opciones debido a las diferencias con el primer ministro Keir Starmer respecto al plan de inversión en defensa, que considera insuficientemente financiado. Según informes, el plan actual prevé un aumento escaso en el gasto en comparación con los compromisos originales.
El Gobierno laborista había anunciado en 2025 un notable incremento en el gasto en defensa, aspirando a alcanzar el 2.5% del PIB para 2027. Sin embargo, la dimisión de Healey revela que el plan aún no formalizado solo proyecta un aumento hasta el 2.68% del PIB en 2030, lo que genera más incertidumbre.
Carns, mencionado como posible futuro líder del Partido Laborista, se convierte en la séptima dimisión en menos de un mes dentro del Ejecutivo británico. Esta situación intensifica la presión sobre Starmer en un momento crítico para su liderazgo. Además, la secretaria parlamentaria privada de Healey, Pamela Nash, también ha presentado su dimisión, lo que complica aún más la estabilidad del Gobierno.









