En Sudán, Unicef alertó que unos 825.000 niños podrían sufrir desnutrición grave este año, una crisis que afecta directamente a comunidades locales y agrava la emergencia humanitaria en el país. La organización señaló que la situación obedece a casi tres años de conflicto que han destruido medios de subsistencia y acceso a servicios básicos.
Según Unicef, el 70% de las instalaciones sanitarias en la región han dejado de funcionar, lo que dificulta la atención de menores y otros pacientes. Esa degradación del sistema de salud complica la respuesta ante el aumento de enfermedades y la malnutrición.
Un informe de Naciones Unidas detectó niveles de hambruna en más de la mitad de los niños de Um Baru, en el estado de Darfur Norte. También se registraron tasas preocupantes en Kernoi (34%) y Al Tina (20%), localidades a las que han huido personas desplazadas desde la capital regional.
Miles de habitantes se han trasladado tras la toma de la capital regional por fuerzas paramilitares, exacerbando la presión sobre comunidades receptoras y servicios locales. Unicef advirtió que muchos niños quedan atrapados en lo que describió como una posible última batalla por el control de Darfur.
Agentes humanitarios han logrado llevar ayuda a algunas poblaciones cercanas a la frontera con Chad, pero el alcance es limitado: en Um Baru solo se ha atendido a una cuarta parte de los niños con desnutrición grave, y en Kernoi la cobertura baja al 14%. La insuficiente llegada de asistencia deja a gran parte de la población sin tratamiento adecuado.
Además de la malnutrición, casi la mitad de los niños en Al Tina han enfermado en las últimas semanas con fiebre, diarrea o infecciones respiratorias. La combinación de bajas tasas de vacunación, agua insalubre y un sistema sanitario colapsado aumenta el riesgo de brotes y agrava la mortalidad infantil.







