La generación Z está cambiando la definición de automóvil clásico al comenzar a coleccionar modelos cotidianos de las décadas de 1990 y 2000, como el Honda Civic, el Toyota Corolla y el Chevrolet Cavalier. El fenómeno responde principalmente a la nostalgia y al valor sentimental de vehículos que, en muchos casos, fueron parte de la vida familiar de los compradores.
Durante años, el mercado de los autos clásicos estuvo asociado con vehículos deportivos, escasos o de gran valor histórico. Sin embargo, la tendencia comienza a incluir sedanes, hatchbacks, subcompactos y compactos que fueron comunes en las calles, pero que ahora resultan cada vez más difíciles de encontrar en condiciones originales.
El interés de los coleccionistas jóvenes coincide con una mayor conexión emocional con los productos de su infancia. Para muchos integrantes de la generación Z, estos automóviles representan el vehículo que utilizaban sus padres o familiares, por lo que su atractivo no depende únicamente del diseño o las prestaciones, sino también de los recuerdos asociados con ellos.
Los autos originales y con poco kilometraje son los más buscados
Los datos de compañías especializadas en asegurar vehículos clásicos, como Hagerty, respaldan el cambio en las preferencias. En los últimos tres años, la empresa registró un incremento en las pólizas para subcompactos y compactos fabricados durante la década de 2000, mientras que los conductores de la generación Z crecieron 48% como clientes.
Brian Rabold, vicepresidente de Inteligencia Automotriz de Hagerty, explicó que las personas suelen comprar o coleccionar objetos que les dejaron una marca durante su juventud. El dato resulta especialmente relevante porque la aseguradora se concentra en vehículos clásicos y solo protege modelos nuevos cuando son exóticos, de colección o de alta gama.
La búsqueda, además, no se limita a cualquier ejemplar. Los compradores jóvenes prefieren unidades con poco kilometraje, sin modificaciones y en condiciones lo más cercanas posible a las de fábrica. Encontrarlas puede ser complicado, ya que estos vehículos fueron tan comunes en su momento que pocos propietarios los conservaron con el cuidado necesario.
Esta situación podría impulsar el valor de algunos automóviles con 20 o 30 años de antigüedad, aunque no significa que todos vayan a encarecerse. En México, la tendencia tampoco necesariamente se replicará con modelos como el Tsuru, el Jetta o el Neón, pues el principal requisito es localizar ejemplares originales y en excelente estado, una condición que actualmente cumplen muy pocas unidades.






