El plazo de 60 días establecido para que Estados Unidos e Irán pusieran fin a la ofensiva en Medio Oriente venció sin un acuerdo permanente. La falta de avances amenaza con prolongar el cierre del estrecho de Ormuz y aumentar la presión sobre los precios del combustible y la economía mundial.
El acuerdo provisional firmado en junio contemplaba suspender las operaciones militares, reabrir el estrecho de Ormuz y avanzar hacia un pacto sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, las conversaciones se han limitado a la reapertura del paso marítimo y al levantamiento del bloqueo estadounidense.
Hasta ahora no existen señales de un compromiso sobre el estrecho ni de que hayan comenzado negociaciones nucleares detalladas. Ambas partes se acusan mutuamente de incumplir el acuerdo, del que prácticamente no quedan disposiciones vigentes.
Irán exige el levantamiento del bloqueo estadounidense, la retirada de las fuerzas de Estados Unidos de sus alrededores y el pago de reparaciones por los daños causados durante la ofensiva. También sostiene que conservará el control del estrecho y que podría cobrar tarifas mediante un acuerdo con Omán.
Estados Unidos ha rechazado esas condiciones y mantiene la presión económica mediante el bloqueo y las sanciones. Ceder el control de Ormuz implicaría, según la posición de Washington, reconocer una derrota, mientras que intensificar la ofensiva podría agotar sus reservas de interceptores, afectar la economía mundial y elevar los precios de la gasolina.
El conflicto también ha afectado otras rutas comerciales. Rebeldes hutíes respaldados por Irán comenzaron a atacar petroleros saudíes en el mar Rojo, mientras el tránsito por el estrecho de Ormuz se redujo a una pequeña fracción de los niveles previos a la ofensiva.
Aunque los combates disminuyeron, no se ha alcanzado una solución política. Pakistán, que participó en la mediación del acuerdo provisional, ha expresado su intención de mantener los esfuerzos para que ambos países retomen las negociaciones.
La economía iraní enfrenta los efectos del conflicto y del aislamiento, con un aumento de la inflación y el riesgo de nuevas protestas. Mientras tanto, la falta de un acuerdo mantiene abierta la posibilidad de que continúen las repercusiones sobre el comercio, la energía y la estabilidad en Medio Oriente.







